El presidente Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo unidad (en su discurso de su victoria electoral) y describió la situación que vivía su país, en enero del 2017 (durante su discurso de toma de posesión), como una “carnicería estadounidense”. Es decir, durante aquel discurso esbozó una batalla retórica que se ha extendido durante sus primeros 11 meses de gobierno.

El 2018 de Trump es totalmente impredecible. La única certeza apunta hacia el uso desenfrenado de Twitter.

Donald Trump comienza su segundo año en la Presidencia con el ímpetu de encarar todo lo que no pudo controlar y todo lo que no pudo lograr. Dos temas centrarán la atención sobre su persona durante el año que inicia.

En el primero de ellos, sus abogados le han prometido que la investigación del fiscal especial Robert S. Mueller III, sobre Rusia, ya habría terminado. Cuanto más tiempo pase, es más probable que Trump enfurezca. Durante meses, el presidente ha negado repetidamente cualquier confabulación y desestimó la investigación al describirla como “fraudulenta”.

Otro de los temas polémicos sobre el mandatario es el del acoso sexual. Más de una docena de mujeres ha señalado al actual presidente de haberles propinado besos y manoseos indeseados; Trump se encontrará frente a sí mismo con el cada vez más poderoso movimiento #MeToo, cuyo objetivo es derrocar a hombres poderosos.

En otros temas, el presidente tiene una larga lista de tareas en el 2018. En el Congreso estadounidense, si bien es cierto que el plan de impuestos republicano pasó antes de las vacaciones, también hay leyes pendientes, como las correspondientes a infraestructura e inmigración, incluida una solución a la difícil situación de los dreamers, ya que Trump puso fin al programa de acción diferida para la llegada de la infancia (Daca).