El Acuerdo de París (COP21) fue convenido por 195 países a finales del 2015 en París, Francia, bajo la mirada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el objetivo de limitar el ascenso de la temperatura mundial a menos de dos grados centígrados anuales, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. El convenio entró en vigor el 4 de noviembre del 2016. Con este convenio, que incluye fuertes medidas que controlan las externalidades ecológicas que produce la dinámica de la economía mundial actual, se delineó el camino hacia un mundo ecológicamente sostenible.

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Sin aún delinear las sanciones para las naciones que incumplan, el pacto fue ratificado por 147 de los signatarios, entre ellos no se encuentra Estados Unidos, que después del anuncio de su presidente Donald Trump, dejó el acuerdo a pesar de ser una de las principales naciones contaminantes del planeta, ya que el 17.89% de los gases totales provienen de esa nación.

El jueves 1 de junio, Donald Trump, confirmó que su país dejará el acuerdo, una decisión que sorprendió y escandalizó a la comunidad internacional pese a que la posibilidad de una resolución de esta índole siempre estuvo en el aire, ya que el mandatario estadounidense nunca había escondido su desprecio por el acuerdo, ni su escepticismo a los temas medio ambientales.

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Junto con China, las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos representan casi el 40% del total mundial, por lo que la suscripción al acuerdo de estas dos naciones había representado un hecho crucial con miras a cumplir las metas estipuladas dentro del pacto. De cumplir con lo estipulado Estados Unidos se había comprometido a una disminución de entre el 26% y el 28% sus emisiones de gases de efecto invernadero antes del 2025, respecto a los niveles del 2005.

A diferencia de lo establecido en el protocolo de Kioto, cada país tiene sus propias metas no obligatorias dependiendo de su nivel de los niveles de contaminación que emiten, con el objetivo de contener el aumento de la temperatura. Aunque se estipuló que fuera por debajo de los dos grados centígrados respecto a la era preindustrial, los esfuerzos debían encaminarse a que se limitara el aumento a 1.5 grados centígrados.

Sin embargo, desde la comunidad científica se han alzado voces como las del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) que estiman que el objetivo trazado es muy ambicioso, dado el nivel actual de emisiones de gases de efecto invernadero. Para alcanzar esa meta era necesario haber reducido las emisiones entre 40% y 70%, entre 2010 y 2050.

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Los planes de acción derivados de los acuerdos evitarían llegar a los niveles a los que nos dirigimos (aumento de entre 4 y 5°C), previsibles en ausencia de políticas climáticas. Se teme que los esfuerzos que se realicen no sean suficientes y coloquen al planeta en una situación sumamente peligrosa con un aumento de 3°C.

Esos datos colocaban a la comunidad internacional frente a la necesidad de revisar los compromisos, para evitar esa previsible diferencia entre 1.5/2°C y los 3°C. En el acuerdo está prevista la primera revisión obligatoria para el 2025, fecha que los especialistas señalan como muy tardía para poder respetar la meta de los 2°C. Se prevé un balance en el 2018, con la ayuda de organizaciones no gubernamentales que presionen para que algunos países cumplan y revisen al alza sus ambiciones a partir del 2020, sobre todo tomando en cuenta que las tecnologías "verdes" serán más accesibles y que la tendencia mundial de emisiones se habría revertido con la mira en cumplir el acuerdo.

Los países signatarios también deben comunicar para el 2020 su estrategia de desarrollo para la emisión de baja cantidad de dióxido de carbono para el 2050.

Pero Estados Unidos no se esperará hasta 2020. La salida efectiva de la unión americana debería tener lugar hasta el 2020, después de invocar el artículo 28 del acuerdo, pero Trump dijo en su anuncio que los compromisos no vinculantes del acuerdo cesarán inmediatamente.

En el 2009, los países con economías más desarrolladas prometieron aumentar la ayuda hasta alcanzar a los 100,000 millones de dólares en 2020, para financiar infraestructuras energéticas limpias y adaptarse al impacto negativo del calentamiento global. Aunque se espera un nuevo objetivo monetario para cinco años después.

"El Fondo Verde (de la ONU) sobre el clima le cuesta una fortuna a Estados Unidos", se quejó Trump durante la conferencia en la que anunció la salida del acuerdo parisino. "Tendremos que pagar (...) potencialmente decenas de miles de millones" al Fondo Verde. Este apartado es especial dentro de lo que se acordó pues los compromisos financieros, claves del Acuerdo Climático, permitirán que las economías menos desarrolladas incursionen en energías limpias.

Dentro de las preocupaciones posteriores al anuncio de Trump se encuentran las que indican que debido a que Estados Unidos negará los compromisos económicos establecidos, la competencia en la producción tendrá tintes de ventaja para la súper economía que no tiene que obedecer reglas limitativas.

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