Washington. Los ataques del domingo de Pascua en Sri Lanka sorprendieron a muchos, y no sólo porque marcaron el peor acto de violencia en el país durante la última década. También sorprendieron porque el blanco elegido por los terroristas fueron cristianos y turistas extranjeros, dos grupos que, en su mayor parte, se salvaron durante las tres décadas de guerra civil en Sri Lanka. Y, finalmente, también sorprendieron porque los ataques fueron coordinados en tres ciudades.

El Estado Islámico reivindicó los ataques, algo insólito. Sri Lanka no tenía una historia de extremismo islamista; en todo caso, es la minoría musulmana de la nación la que ha enfrentado el acoso de la mayoría budista en los últimos tiempos.

“Yo diría que, si mirara alrededor de la región”, en función de los países que son amenazados por el terrorismo, Sri Lanka “probablemente estaría en los últimos lugares”, dijo Colin Clarke, investigador del Centro Soufan.

En parte, se debe a la historia de Sri Lanka. La guerra civil librada entre el estado y los Tigres de Liberación, o Tamil Tigers, un grupo separatista que quería una nación propia, se libró por tensiones étnicas, no religiosas.

Débiles contactos

Según un informe del Centro Soufan del 2017, 75 combatientes de la India, 650 de Pakistán y 32 de Sri Lanka se unieron al Estado Islámico durante el conflicto sirio. La conexión con Sri Lanka ha sido débil.

Por otra parte, los sistemas de seguridad de Sri Lanka fueron creados durante la guerra civil contra los Tamil Tigres. Han pasado 10 años de la culminación del conflicto, pero la inercia queda. Es decir, los sistemas de seguridad no están hechos para alertar sobre terrorismo islámico.

“La realidad aquí es que el sur de Asia sigue siendo el principal campo de batalla para las redes yihadistas. En ese sentido, Sri Lanka no debería ser una sorpresa per se”, dijo Seth Jones, director del Centro de Estudios Estratégicos.