Edward Snowden, el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por su sigla en inglés) que destapó los programas de vigilancia electrónica del gobierno estadounidense hace tres años, tiene sus admiradores. Y después de la inevitablemente celebratoria película de Oliver Stone, puede tener más. Que Snowden merezca un perdón presidencial, como las organizaciones de derechos humanos están demandando en una nueva campaña nacional que coincidió con la película, es una pregunta complicada; sin embargo, la respuesta del presidente Barack Obama debería seguir siendo no .

Los defensores de Snowden no niegan que violó la ley por no hablar de los juramentos y sus obligaciones contractuales cuando copió y mantuvo 1.5 millones de documentos clasificados. Sostienen, más bien, que los nobles propósitos de Snowden y los cambios en la política que provocaron las revelaciones justifican sus acciones.

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En concreto, hizo públicos documentos a través de periodistas, entre ellos los reporteros de The Washington Post -que le permitió al público estadounidense saber que por primera vez la NSA estaba recogiendo metadatos telefónicos domésticos, información sobre el tiempo de una llamada y las partes involucradas , pero no su contenido en masa sin la aprobación del tribunal en instancias específicas. El programa fue una exageración, si no es que una violación de lleno, de la ley federal de vigilancia, y planteó riesgos para la privacidad. El Congreso y el presidente finalmente respondieron con la legislación correctiva. Es justo decir que le debemos a Snowden estas reformas necesarias.

La complicación es que Snowden hizo más que eso. También robó y filtró información sobre un programa de vigilancia de la NSA en el extranjero a Internet por separado, PRISM, que era a la vez claramente legal y no representaba una amenaza para la privacidad. (Tampoco era permanente; la ley que lo autoriza expira el próximo año).

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Lo que es peor mucho peor es que también filtró detalles de las operaciones internacionales de inteligencia sencillamente defendibles: la cooperación con los servicios escandinavos contra Rusia; espiar a la esposa de un asociado de Osama bin Laden, y ciertas operaciones cibernéticas ofensivas en China.

El programa de metadatos de la NSA que Snowden sacó a la luz comprobó que no hubo un perjuicio concreto, real o tentativo hacia los estadounidense. Por el contrario, sus revelaciones sobre las operaciones internacionales de la agencia interrumpieron la recolección de información legal, causando posiblemente un tremendo daño a la seguridad nacional, de acuerdo con un informe unánime y bipartidista en la Comité Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes. ¿A qué causa le sirvió esto?

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Idealmente, Snowden regresaría a casa y expondría a fondo todo esto ante un jurado de sus iguales. Eso sería sin duda en la mejor tradición de la desobediencia civil, cuyos profesionales siempre han estado dispuestos a ir a la cárcel por sus creencias. Se dice que esto es inaceptable porque los estatutos de protección del secreto de EU específicamente le prohíben reclamar su propósito más alto y el impacto positivo como defensa lo cual es cierto, aunque no está claro cómo la ley podría permitirlo, sin crear una enorme laguna para los que realicen filtraciones. (Snowden hirió su propia credibilidad como un avatar de la libertad al aceptar el asilo de Vladimir Putin, de Rusia, que no es conocido por perdonar a los que hacen filtraciones sobre él)-.

La segunda mejor solución podría ser un trato en el que Snowden acepta una medida de la responsabilidad penal por sus excesos y el gobierno estadounidense ofrece una medida de clemencia en reconocimiento de sus contribuciones. Ninguna de las partes parece interesada en eso, por ahora. Un perdón absoluto, por su parte, daría el equilibrio equivocado.