Los enfrentamientos del pasado 12 de julio en la frontera de Armenia y Azerbaiyán han agudizado la tensión entre ambas naciones, reduciendo las esperanzas de que las negociaciones iniciadas hace más de 30 años en busca de la paz, avancen.

El embajador de Armenia en México, Ará Aivazian, asegura que su país no ha dado inicio a ninguna provocación pues no está a favor de generar un nuevo conflicto e instó a detener el odio hacia los armenios por parte de Azerbaiyán. Al mismo tiempo, apuntó la importancia del reconocimiento internacional del derecho de autodeterminación, principio que es objetivo de la Carta Magna de las Naciones Unidas, del pueblo armenio autóctono de Nagorno-Karabaj (o República de Artsaj en armenio).

—El 12 de julio hubo un enfrentamiento entre fuerzas militares en la frontera estatal entre Armenia y Azerbaiyán ¿Qué pasó ese día?

Ocurrió justamente en una zona fronteriza entre Armenia y Azerbaiyán lejana de Nagorno-Karabaj, una provocación por parte de las fuerzas especiales de Azerbaiyán para averiguar la preparación y respuesta de nuestras fuerzas armadas y fue el pretexto perfecto para que Turquía obtenga un rol en la solución del conflicto a favor de Azerbaiyán.

En tiempos de pandemia, cuando todo el mundo está combatiendo un enemigo invisible, es muy cómodo para los países que tienen apetitos expansionistas aprovechar esta ocasión para promover sus planes agresivos, tal como lo hace Turquía alrededor de todo el perímetro de sus fronteras.

—¿Armenia se siente amenazada?

El vocero del Ministerio de Defensa de Azerbaiyán anunció que su país está en condiciones de lanzar un ataque misil contra la central nuclear armenia, lo cual sería una catástrofe para toda la región, y creo que estas declaraciones, muy semejantes a la retórica de terrorismo gubernamental, no pueden quedarse sin reacción por parte de la Comunidad Internacional.

—Azerbaiyán afirma que Armenia no cumple con cuatro resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU en 1993 y asegura que la Comunidad Internacional reconoce el territorio en disputa como suyo, ¿su país incumple?

Las resoluciones fueron adoptadas cuando estalló la plena guerra en Nagorno-Karabaj y, como hace unos días reiteró el canciller ruso Serguéi Lavrov, el propósito era llegar al cese de fuego. Estas resoluciones fueron continuamente violadas por Azerbaiyán y, como resultado, sufrió una derrota militar. Después, las Naciones Unidas otorgaron el mandato a los copresidentes del Grupo de Minsk (Estados Unidos, Francia y Rusia) de la OSCE, de fungir como intermediarios en las negociaciones para la solución pacífica del conflicto y abrir el camino hacia la paz. Ellos elaboraron principios fundamentales para este fin, que fueron aceptados por Armenia y Azerbaiyán pero reiteradamente violados por este.

—¿Prevé que la tensión escale a un nuevo conflicto?

Somos firmes partidarios de la solución pacífica del conflicto basada en un compromiso mutuo. Sin embargo, las acciones de Azerbaiyán, instigado ahora abiertamente por Turquía, nos acercan a la posibilidad de una nueva escalada. Reitero que Armenia está a favor de la paz pero no vamos a doblegarnos ante ningún chantaje militar ni ninguna amenaza. Uno de los fundadores de la filosofía política, Nicolás Maquiavelo, decía que si uno se deja llevar por los sentimientos de amor o de odio en la conducción de la política exterior, al final se vuelve esclavo del amor o del odio. Aparentemente, Azerbaiyán contagiado por su hermano mayor Turquía, se volvió un esclavo de este odio hacia los armenios.

—¿Ve imposible lograr un acuerdo de paz con Azerbaiyán?

Nada es imposible pero es difícil negociar cuando del otro lado te están amenazando constantemente y cuando la cúpula del gobierno de Azerbaiyán disemina el odio hacia los armenios diariamente. Somos la nación que sobrevivió al primer genocidio del siglo XX perpetrado por el Imperio Turco y, como un Estado y una nación, sabemos el valor de la paz, atesoramos el diálogo fructífero y la convivencia armoniosa entre diferentes civilizaciones. No obstante, estamos firmes en prevenir nuevos genocidios y, en este caso particular, la exterminación del pueblo armenio autóctono de Artsaj.

perla.pineda@eleconomista.mx