El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo estar "profundamente entristecido" por la masacre de 16 civiles en Afganistán presuntamente a manos de un soldado estadounidense, y expresó a su par afgano Hamid Karzai su "consternación" por lo sucedido.

"Ofrezco mis condolencias a las familias y seres queridos de aquellos que perdieron la vida, y al pueblo de Afganistán, que ha soportado demasiada violencia y sufrimiento", aseguró Obama en una declaración escrita, en la que calificó al incidente de "trágico y chocante".

Obama telefoneó al presidente afgano, Hamid Karzai, "para expresarle su consternación y tristeza" por la masacre, indicó la Casa Blanca.

Durante la llamada, Obama "extendió sus condolencias al pueblo de Afganistán, y dejó en claro el compromiso de su gobierno para establecer los hechos lo más rápidamente posible y para responsabilizar a quien sea necesario .

Karzai había condenado más temprano el incidente, al que calificó de "imperdonable".

"Cuando hay afganos que mueren deliberadamente a manos de las fuerzas estadounidenses, se trata de un acto de asesinato, terrorista e imperdonable", expresó Karzai en una declaración.

El secretario de Defensa, Leon Panetta, había telefoneado a Karzai para asegurarle que había una "completa investigación en curso" sobre la masacre.

"Un sospechoso está en custodia, y le di al presidente Karzai la seguridad de que llevaremos a los responsables ante la justicia", dijo Panetta en un comunicado, en el que dijo estar "conmocionado y entristecido de que un miembro del servicio estadounidense actuando fuera de la cadena de mando esté vinculado al incidente .

"Este suceso es trágico y chocante, y no representa el carácter excepcional de nuestros militares ni el respeto de Estados Unidos hacia el pueblo de Afganistán", señaló Obama.

Dieciséis civiles afganos, entre ellos niños y ancianos, murieron presuntamente a manos de un soldado estadounidense que salió de madrugada de su base en la provincia de Kandahar, bastión talibán del sur de Afganistán.

Obama fijó como plazo al 2014 para el repliegue de la fuerza de 130,000 hombres de la OTAN liderada por Estados Unidos en Afganistán, mientras Washington entrena a las fuerzas de seguridad afganas para tomar la estafeta y busca negociar con los talibanes.

El incidente ocurre en momentos en que las relaciones entre Washington y Kabul están en su peor nivel, luego de la quema de libros del Corán por soldados de Estados Unidos que desataron violentas protestas, y provoca nuevos dolores de cabeza a la misión militar de más de una década.