Washington. El fiscal especial sobre la posible injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, Robert S. Mueller III, ha recabado pruebas sólidas para sostener que, una reunión secreta en Seychelles justo antes de la ceremonia de investidura de Donald Trump, se llevó a cabo con el objetivo de establecer un canal de comunicación entre la administración entrante y el Kremlin, según personas familiarizadas con el asunto.

En enero de 2017, Erik Prince, fundador de la compañía de seguridad privada Blackwater, se reunió con un funcionario ruso cercano al presidente Vladimir Putin, sin embargo, Prince justificó el encuentro, ante una comisión del Congreso como casual y no planificado por Estados Unidos y Rusia.

Un testigo que cooperó con Mueller dijo a los investigadores que la reunión se había establecido con antelación para que un representante de la transición de Trump pudiera reunirse con un emisario de Moscú con el objeto de discutir las futuras relaciones entre los países.

George Nader, un empresario estadounidense de origen libanés que ayudó a organizar la reunión en Seychelles, testificó sobre el asunto ante un gran jurado.

Nader comenzó a cooperar con Mueller después de que fuera detenido en el aeropuerto internacional Dulles a mediados de enero. Nader recibió una citación y fue interrogado por el FBI. Se ha reunido en numerosas ocasiones con los investigadores del caso.

Prince dijo que fue a Seychelles como un empresario privado, no como un emisario oficial o no oficial del equipo de transición de Trump.

Durante el interrogatorio en el Congreso, a veces se tornó irritable, en especial, cuando los demócratas le pedían que fuera más específico en sus respuestas.