Grand Isle, EU.- La inexorable progresión de la marea negra en las costas de Louisiana y las cifras de British Petroleum (BP) sobre la cantidad de petróleo vertido en el Golfo de México, provocaban la indignación de la población y de las autoridades municipales.

La Agencia Marítima estadounidense NOAA afirmó el viernes que cerca de 80 kilómetros de playas y zonas costeras de Luisiana estaban manchadas de petróleo.

"Este es sólo el principio", exclama con rabia Lana Downing, una habitante de Louisiana de 69 años que tiene una residencia secundaria en Grand Isle, mientras observa la playa manchada de petróleo. "Ayer llegó el primer impacto, fue una pequeña cantidad. Hoy hay (petróleo) por todas partes", dijo a la AFP.

Las autoridades municipales anunciaron el cierre de esta playa de varios kilómetros, pero visiblemente la medida no impedía que los curiosos se acercaran al lugar. La mancha no se ve en el mar sino una vez que alcanza la costa.

Enojo, escepticismo y acusaciones

Enojo, escepticismo y acusaciones de adulterar información cubrían a la petrolera BP, mientras se debatía para contener un derrame de crudo de un pozo submarino, que desde hace un mes vierte una marea negra sobre el Golfo de México.

Legisladores y científicos estadounidenses denunciaron a BP por intentar ocultar lo que muchos creen ya es la peor pérdida de crudo de la historia del país, que eclipsó al desastre del Exxon Valdez en Alaska en 1989 y amenaza con convertirse en un desastre ambiental y económico para la zona.

La empresa con base en Londres, mientras enfrenta el enfado y la frustración creciente del Gobierno de Estados Unidos y señalamientos de encubrimiento, dijo que sus ingenieros trabajan para determinar la real magnitud del derrame.

BP bajo presión

Unas veinte personas armadas de palas recuperaban el líquido viscoso y lo metían en grandes bolsas blancas. En la cercanía, el centro de coordinación de British Petroleum empezaba a tomar personal para limpiar las playas por diez dólares por hora.

Añadiendo confusión a la situación, BP redujo su estimación de la cantidad de crudo que estaba capturando con uno de los sistemas de mitigación que implementó a 1.6 kilómetros de profundidad sobre el lecho marino.

Un portavoz de la firma dijo el volumen de petróleo que recolectaban del pozo cayó a 2,200 barriles por día (bpd) durante el período de 24 horas terminado en la medianoche del jueves. Antes, BP había dicho que la captura era de 5,000 bpd.

"El flujo cambió, no es constante", dijo el portavoz de BP John Curry.

Muchos científicos rechazan la estimación original de que el pozo pierde unos 5,000 bpd, frecuentemente defendida por la compañía, y señalan que es ridículamente baja y que podría ascender hasta 70,000 bpd o más.

"Hay mucha incertidumbre en torno al número y ciertamente el rango podría ser muy amplio", dijo Suttles. Un panel federal divulgará la próxima semana su propia estimación del flujo de petróleo, dijo un oficial de la Guardia Costera.

Papa caliente

"Está muy claro que BP no está diciendo la verdad", dijo Ed Markey, representante demócrata de Massachusetts a CNN.

La empresa niega la acusación de encubrimiento y dijo que algunos cálculos externos sobre el derrame son inexactos.

Las acciones de la empresa cerraron con una pérdida de 4.18% en Londres, y retrocedían un 1.66% en Estados Unidos.

Michael Gordon, presidente ejecutivo de Gordon Strategic Communications, una firma de Nueva York especializada en manejo de relaciones públicas en situación de crisis calificó al derrame como "un caso de estudio sobre fallas de comunicación durante una crisis".

"No hubiera sido posible que lo manejaran peor. No están asumiendo la responsabilidad que les corresponde. Jugaron el juego de la papa caliente con las otras compañías involucradas", señaló, en referencia a las acusaciones mutuas que se cruzan BP y sus socias en la perforación del pozo.

Una parte de las críticas contra BP repercutieron sobre la Casa Blanca. El portavoz del presidente Barack Obama, Robert Gibbs, expuso durante su conferencia de prensa las razones por las que el gobierno estadounidense no asumió enteramente el control de las operaciones.

"Estamos frente a una catástrofe de una magnitud nunca antes vista en materia de mareas negras en el Golfo de México", destacó Gibbs. "Hacemos todo lo humana y tecnológicamente posible para enfrentarla", añadió.