Budapest. Durante casi una década, Viktor Orban ha utilizado su posición como primer ministro húngaro para desmantelar las instituciones democráticas, incitar prejuicios antisemitas, avivar el odio hacia los refugiados y, en general, criticar los valores por los que Europa afirma estar de pie.

A cada paso que ha dado en su camino, ha contado con el apoyo de la familia política más importante de Europa. Junto a la canciller alemana, Angela Merkel, y otros actores dominantes del poder europeo, ha sido miembro destacado del bloque de centro-derecha que ha dominado la política del continente. El grupo parlamentario lo ha cubierto con dinero y protección, mientras que él proporciona los votos que tanto necesita su formación en Bruselas. Pero quizás no por mucho más tiempo.

Por primera vez, un segmento sustancial del bloque ha decidido romper ese negocio y expulsar a Orban. El tema se resolverá en una votación muy esperada entre los miembros de la familia del partido esta misma semana.

El resultado tendrá implicaciones significativas para Hungría, para las elecciones parlamentarias europeas de esta primavera y para el futuro liderazgo del continente.

También será una prueba para la identidad europea a medida que políticos nacionalistas están en plena rebelión en contra de Europa que indica ser plural.

“Esto no es un autócrata lejano. Éste es un autócrata en el corazón de Europa”, dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch sobre  el mandatario Viktor Orban.