Managua. En este tipo de elecciones lo que menos importa son los resultados. Gana quien lleve a la cárcel a sus rivales; triunfa el que haya silenciado a los medios de comunicación plurales; permanece en el poder el que haya desparecido los equilibrios de poder. En efecto, Daniel Ortega consolida su dictadura a través de una simulación de elecciones presidenciales y legislativas ocurridas ayer en Nicaragua.

Las primeras reacciones internacionales proyectaban anoche, después del cierre de las casillas, un elocuente mensaje geopolítico: el presidente de Estados Unidos Joe Biden calificó de "farsa" las elecciones, y el área de prensa del venezolano Nicolás Maduro escribía en Twitter: “Hoy Nicaragua tiene soberanía y democracia”.

"La elección que el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, orquestaron hoy, fue una elección de pantomima que no fue ni libre ni justa, y ciertamente no democrática", dijo Biden según una declaración de la Casa Blanca.

”A pesar de las agresiones imperiales, Nicaragua tiene quien la defienda”, matiza el área de prensa de Maduro.

Poco a poco el mundo irá tomando posturas frente a lo ocurrido el día de ayer en Nicaragua. La Unión Europea desacreditó los comicios desde la semana pasada.

El Gobierno del presidente López Obrador no había fijado postura al cierre de la edición.

Por la tarde, el canciller de Nicaragua Denis Moncada, afirmaba que su país no se dejará “intimidar” con las sanciones que la comunidad internacional amenaza con imponer tras las elecciones, en las que el presidente Daniel Ortega se encamina al cuarto mandato consecutivo, con la oposición presa y exiliada.

Competidores de cartón

Las urnas (13,459 en total) cerraron a las 18 horas locales, tras 11 horas de votación, en una jornada resguardada por 30,000 militares y policías y que transcurrió sin entusiasmo ni incidentes, con la oposición clamando un enorme abstencionismo y el oficialismo una gran participación.

Ortega, quien llegó al poder por las urnas en 2007 y el jueves cumplirá 76 años, asumirá, previsiblemente, otros cinco años como presidente, a la cabeza del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda), junto a la poderosa Rosario Murillo (70), su esposa, candidata a la vicepresidencia por segunda vez.

El exguerrillero sandinista, quien también gobernó el país en los años 1980 luego de que el FSLN derrocara en 1979 al dictador Anastasio Somoza, enfrentó a cinco candidatos derechistas, desconocidos y tachados de colaboradores del gobierno.

El ganador no ha estado en duda, pero como la oposición llamó a no votar, al cierre de la edición se desconocía la participación de los 4.4 millones de electores llamados a elegir también a 90 diputados de un Congreso que, igual que todos los poderes del Estado, está bajo control del Ejecutivo. La cifra de participación estará bajo sospecha.

Tras votar junto a su esposa, Ortega arremetió contra los opositores y justificó las detenciones. "Estaban conspirando, no querían que se realizaran estas elecciones (...) Son demonios que no quieren la paz", aseveró, tras calificarlos de "terroristas".