Londres. La frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda aviva las complicadas negociaciones del Brexit.

La primera ministra británica, Theresa May, rechazó la propuesta de la Comisión Europea de mantener a Irlanda del Norte en el mercado interior europeo después del Brexit ya que esto supondría poner controles fronterizos en el mar de Irlanda, a lo que Londres siempre se ha opuesto.

Para May, la solución europea equivaldría a convertir Irlanda del Norte en un territorio diferente al Reino Unido.

“El borrador legal que ha publicado la Comisión Europea, si se aplica, socava el mercado común británico y amenaza la integridad constitucional del Reino Unido. Ningún primer ministro daría jamás su acuerdo a esta propuesta”, declaró May ante el Parlamento tras conocer el borrador del tratado de salida que Bruselas someterá a Londres presentado por el representante de la Unión Europea, Michel Barnier.

Barnier puntualizó que no se pretendía cuestionar el orden constitucional e institucional británico.

Hasta ahora, ni Bruselas ni Londres dan con la tecla para combinar la salida británica de la UE con el compromiso de no restaurar una frontera que se convirtió en prácticamente invisible gracias al acuerdo de paz del Viernes Santo de 1998, facilitando una mejoría en la economía de la zona.

Opositores a May insisten en que la ministra proponga algo concreto para Irlanda del Norte.