Bruselas. Los recientes ataques terroristas en París han atraído la atención al surgimiento de una nueva generación de yihadistas, que desdibuja la delgada línea entre el crimen organizado y el extremismo islamista, al utilizar las habilidades para violar la ley al servicio del radicalismo violento.

El Estado Islámico está construyendo un ejército de leales de Europa, que incluye un número creciente de criminales callejeros y ex convictos, a medida que la naturaleza de la radicalización evoluciona en la época de su autoproclamado califato.

En lugar de dejar atrás su vida criminal, algunos partidarios usan sus talentos ilícitos para financiar círculos de reclutamiento y los gastos de viaje de combatientes extranjeros. Y, debido a que sus antecedentes les dan un mejor acceso a dinero en efectivo y armas, su surgimiento representa un nuevo tipo de desafío para las autoridades europeas.

Por ejemplo, antes de convertirse en el líder del grupo que realizó los ataques terroristas del mes pasado en París, Abdelhamid Abaaoud, de 28 años, estaba vinculado a una banda de ladrones radicalizados liderados por un hombre apodado Santa Clos.

La banda que incluía a jóvenes que irían a luchar en Siria e Irak se dedicaba al asalto de turistas y robo a tiendas, formando una pequeña operación delincuencial al servicio del Estado Islámico, de acuerdo con las autoridades.

La imagen de las maquinaciones del Estado Islámico que ahora emerge en Europa es distinta al desarrollo de Al-Qaeda, que en sus primeros años basó en gran medida su reclutamiento en hombres ostensiblemente devotos y patrocinadores extranjeros millonarios. En contraste, ahora algunos partidarios del Estado Islámico usan sus talentos ilícitos para financiar reclutamientos y viajar a cuarteles en el Medio Oriente.

Las cárceles europeas han sido caldo de cultivo para los radicales islamistas durante años, sobre todo en Bélgica y Francia; sin embargo, recientemente, la criminalidad y el extremismo se han vuelto aun más entrelazados, con reclutas que extienden sus conductas criminales incluso después de ser iluminados por la luz del islam radical.

Muchos de ellos viven vidas como criminales, tienen una epifanía y se vuelven religiosos, pero sus conexiones a la delincuencia no están destinadas a desaparecer , afirmó Peter Neumann, experto en radicalización del Kings College de Londres. Veo esto como un aspecto operacional del Estado Islámico , expresó.