El Cairo. Ayer, médicos utilizaron un desfibrilador dos veces en Hosni Mubarak cuando no le pudieron encontrar el pulso, convirtiéndose el hecho en la última crisis de salud del derrocado Presidente egipcio desde que fuera sentenciado a cadena perpetua y trasladado a una prisión-hospital hace nueve días, expusieron funcionarios de seguridad.

Los funcionarios indicaron Mubarak, de 84 años, tuvo episodios de conciencia intermitentes y había sido alimentado con líquidos vía intravenosa. Mubarak también perdió el conocimiento varias veces el domingo y los funcionarios han manifestado que sufre de presión arterial alta, depresión y dificultades respiratorias.

El susto en la salud de Mubarak añade una capa más a la turbulenta escena política de Egipto con una segunda vuelta para elegir a su sucesor a días de distancia. Su muerte haría caer el telón en un capítulo de la historia moderna de Egipto, que ha dividido a esta nación mayoritariamente musulmana de 85 millones de personas.

Sus 29 años en el poder son el segundo periodo más largo ocurrido en Egipto desde el siglo XIX, cuando el General otomano Moham­med Alí gobernó el país durante unos 44 años, los cuales terminaron con su muerte en 1849.

Mientras que Mohammed Alí pasó a la historia como el fundador del Egipto moderno, el Estado de Mubarak ha sido definido por la corrupción, la brutalidad policial y el oculto ascenso al poder de una camarilla de empresarios respaldados por el régimen.