El Cairo. HORAS DESPUÉS de que el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, viajó a Arabia Saudita para atenderse de las heridas que sufrió durante un ataque de proyectiles contra su palacio, miles de manifestantes invadieron las calles de la capital, Sanaa, para celebrar la más reciente expulsión de un autócrata árabe.

En la Plaza del Cambio en Sanaa, miles de personas agitaban banderas y, con los rostros pintados con los colores de ésta, entonaban cánticos que decían: Hemos deportado a Ali y El pueblo ha derribado al régimen .

Antes de partir a Riyad, Saleh transfirió el poder temporalmente a su vicepresidente, Abed Rabbo Mansour Hadi, quien el domingo se reunió con el embajador de Estados Unidos, Gerald Feierstein. Según la agencia estatal de noticias de Yemen, ambos analizaron las medidas necesarias para mantener un cese al fuego entre el gobierno y los milicianos tribales.

Analistas coincidieron en que es altamente improbable que el líder regrese, al menos como Presidente.

El viceministro de Información, Abdu al-Janadi, dijo que el Presidente sufrió algunas raspaduras que le impidieron aparecer en televisión en un discurso programado en cadena nacional. El hecho de que el Presidente no haya podido aparecer en público desató una oleada de especulaciones de que el gobierno trataba de minimizar la severidad de las heridas de Saleh.