Hace una semana, Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica, entre otras destacadas personalidades, presentaron frente a 200 funcionarios estadounidenses, particularmente del Departamento de Estado, el documento “Centroamérica y Estados Unidos: hacia una relación de fructífera vecindad”. Se trata de un diagnóstico y 10 recomendaciones para mejorar las condiciones de Guatemala, Honduras y El Salvador.

El Economista y Globalitika (quien presenta el documento en su página web) entrevistaron a la expresidenta costarricense la tarde del miércoles vía telefónica.

Trump ¿Qué impide a Centroamérica trabajar de manera conjunta?

No recuerdo tanta ausencia de diálogo, de cooperación y de coordinación. Hay presidentes centroamericanos que ni siquiera se hablan entre sí. Hay un problema de interlocución al interior de la región. Un ejemplo es la pandemia: cuando más queríamos que los gobiernos se coordinaran, tuvimos tensiones porque ni siquiera fueron capaces de acordar mecanismos para el control del tránsito de mercaderías y mucho menos esperar de que se coordinaran acciones en materia de prevención del covid, de adquisición de vacunas, etc.

—¿Se agravaron las condiciones en la región durante el gobierno de Donald Trump?

Hay que reconocer que hay unas élites centroamericanas que se sintieron muy cómodas con el presidente Trump con la política de “manos afuera”: con temas como democracia, derechos humanos, corrupción. Hay que ir más allá de las élites gobernantes y trabajar con la sociedad civil.

El documento que presenta revela que el 60% de niños y adolescentes en edad de estudiar no lo hacen.

Prácticamente todos los indicadores sociales que usted escoja, Centroamérica está a la zaga de toda Latinoamérica. Pobreza, informalidad, educación. El único indicador donde somos campeones en todo el mundo es el de violencia. El panorama es desolador. Yo no recuerdo un periodo tan explosivo desde los años de la guerra. Si no se hace nada con la participación de Estados Unidos y algunos socios esta región puede terminar por afectar el entorno inmediato.

—¿Cree que el presidente Joe Biden tome decisiones con base a las directrices que ustedes proponen en el documento?

Sin ninguna duda. Entre otras cosas no solo porque la región centroamericana está en un momento crítico sino porque además establece un contraste con los años anteriores.

—Usted asegura que el problema trasciende al Triángulo Norte. Los problemas son compartidos: narcotráfico, migración, cambio climático, amenazas del Estado de derecho. ¿Dónde embona México?

México es un país de referencia obligada cada vez que hablamos de problemas de Centroamérica. México es un país de referencia obligada cada vez que hablamos de problemas de Centroamérica. México tiene muchísimos papeles que jugar porque en el sur de México, en Chiapas, comparte muchísimos de los problemas que están golpeando a los países del norte de Centroamérica. Hay más similitud entre el sur de México y el norte de Centroamérica que la que hay entre mi país, que es Costa Rica, con el norte de Centroamérica. Yo confío que México pueda sumarse a los esfuerzos que nosotros estamos sugiriendo en intensificar opciones comerciales, cooperación en lo social y en la respuesta a los desafíos climáticos. Toda la agenda que proponemos es una agenda en positivo.

—¿Considera que el presidente Biden ayudará a relajar la tensión migratoria?

Hay que tener cuidado con las expectativas, existe la percepción de que el cambio va a ser radical.

La política contra el narcotráfico ha fracasado.

Hay sectores en Estados Unidos, sobre todo el gobierno federal, que se resisten a hacer esta revisión.

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