La noche del 28 de mayo de 1708 fue sofocante y sin luna, con poco viento que pudiera llenar las enormes velas del barco San José, mientras maniobraba en las tranquilas aguas de las costas de Cartagena, Colombia. No muy lejos, apenas visible en la luz que se esfumaba, un buque de guerra británico se deslizaba a toda velocidad hacia el galeón español, ganando terreno lentamente.

Los barcos se dirigieron el uno hacia el otro, con las armas preparadas y las banderas izadas. Miles de millones de dólares en joyas, metales preciosos y el trágico desenlace de lo que algunos consideran el primer conflicto bélico mundial.

El encuentro terminaría entre una cacofonía de fuego de cañón y, al final, la explosión que hizo que el buque español y su costoso cargamento cayera en picada hacia el fondo del mar. Ni los británicos ni los españoles y sus aliados franceses pudieron utilizar el botín para financiar los esfuerzos de la sangrienta guerra de sucesión española; la pelea se arrastraría por otros seis años, terminaría inconclusamente y conduciría a 100 años de luchas de poder entre las naciones europeas.

Mientras tanto, el San José y sus tesoros permanecieron sumergidos en el algún rincón del Caribe. El santo grial de los naufragios (se piensa que tiene por lo menos 1,000 millones y hasta 14,000 millones en esmeraldas, plata y oro) ha aparecido en novelas, historias y hasta en un litigio legal, pero ha demostrado ser tan elusivo para los cazadores de tesoros del siglo XXI como lo fue en el siglo XVIII. Hasta ahora.

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El 5 de diciembre, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, anunció que los investigadores del país con el Ministerio de Cultura habían encontrado un naufragio que coincidía con el San José. Es el hallazgo e identificación de patrimonio sumergido más grande en la historia de la humanidad , dijo Santos.

Un equipo liderado por el Instituto de Antropología e Historia y la Marina colombianas hicieron el hallazgo el 27 de noviembre, dijo Santos, a unos 1,000 metros por debajo de la superficie del océano y a unas 16 millas de Cartagena.

Un video publicado por la oficina de Santos mostraba los equipos de investigación trabajando en un área arenosa en el fondo del mar, cerca de la costa. Las imágenes submarinas son ambiguas para el espectador casual un desorden en blanco y negro de ollas y botellas, un cañón visible entre las burbujas y la oscuridad pero los oficiales aseguran que los cañones, junto con las dimensiones y ubicación del naufragio, corresponden a los del San José. En Cartagena se erigirá un museo dedicado a albergar este nuevo descubrimiento, dijo Santos.

Tomará mucho tiempo para identificar de forma definitiva el navío y sus contenidos, y años para poder dragarlos desde la tumba del océano. Pero si el pronunciamiento de Santos es corroborado, pondrá fin a tres siglos de fascinación y especulación.

La historia del San José no empieza con aquella fatídica y sangrienta batalla naval en la primavera de 1708, sino siete años antes, en el lecho de muerte del rey Carlos II de España. El enfermo rey había nombrado como su sucesor al nieto del famoso monarca francés Luis XIV, estableciendo una conexión entre Francia y España que inquietaba a los otros poderes europeos. La disputada sucesión española lanzó una lucha de 13 años sobre quien controlaría el extenso imperio colonial español y sus muchas riquezas, que por primera vez en la historia moderna, según algunos involucraba a cada continente.

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La guerra llevó a Francia y España contra una coalición de fuerzas inglesas, alemanas, austriacas, portuguesas y holandesas e interrumpió los cargamentos anuales de metales preciosos del Nuevo Mundo hacia Europa. Para 1708, sus arcas se habían vaciado por las prolongadas batallas, y Francia estaba desesperada por un poco de plata y oro desenterrado por los indígenas esclavos de las colonias españolas.

Finalmente, Luis XIV le ordenó a una flota de 15 embarcaciones que zarparán hacia Europa, siendo el San José el buque insignia. El enorme navío medía 45 metros de proa a popa con tres cubiertas y estaba armado con 64 cañones y una tripulación de 500 hombres, que cargaban la mayoría del cargamento de monedas, lingotes, joyas y bienes comerciales valiosos. La mayoría del tesoro le pertenecía a mercaderes peruanos y españoles los impuestos de eso junto con más de medio millón de reales españoles con destino a sus arcas ayudaron a financiar el esfuerzo bélico francés.

De acuerdo con la historia escrita por la Sea Search Armada (SSA), una compañía de rescate comercial involucrada en la búsqueda del San José, el cargo de la flota valía casi tres veces el ingreso anual español. Si arribaba a puerto de forma segura, la riqueza pudo haber cambiado el rumbo de la guerra, estableciendo el dominio francés sobre Europa y el mundo. Por lo menos eso era lo que anhelaba Luis XIV.

Pero Charles Wager, comodoro del pequeño escuadrón británico en el Caribe, tenía otros planes. Alertado de que la flota con el tesoro había zarpado y, por si fuera poco, lo había hecho sin toda la protección de su escolta francesa se aventuró a las afueras de la costa de Cartagena y esperó hasta la tarde del 28 de mayo (los recuentos españoles lo citan el 8 de junio; la discrepancia se atribuye a que el calendario español estaba adelantado por 10 días al británico). Aunque había 17 navíos españoles y franceses contra los cuatro de Wager, los navíos británicos lograron cercar al San José, que fue abrumado por su propio carga y sufría de un casco agujereado.

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La expedición de Wager se enfrentó al San José poco después del atardecer. Las ráfagas de los cañones y las armas encendieron el cielo nublado y llenaron el aire con un olor a sulfuro y humo. Las cubiertas de los navíos se llenaron de sangre. De repente, una bala de cañón británica le dio a un depósito de pólvora en una de las bodegas del San José, lo que desató una tremenda explosión.

El calor de la explosión llegó hacia nosotros escribió Wager, quien fue testigo del impacto desde la cubierta del Expedition. Muchas astillas encendidas de tablón y madera llegaron a bordo. Pero pronto las echamos por la borda. Creo que uno de los costados del navío explotó, porque causó un mar que llegó a nuestros puertos , documentó.

La tripulación británica se apresuró a lidiar con los restos y la pared de agua que llegó abordo. Cuando Wager prestó otra vez atención al navío enemigo, se había desvanecido. Sólo 11 de las 600 personas abordo sobrevivieron, el resto sucumbió incinerada por la explosión o ahogada en el mar. Wager estaba más preocupado por el cargamento del San José. Inmediatamente se hundió con todas sus riquezas, que seguramente eran muchas , escribió en su diario de forma abatida.

Wager le negó a los franceses el acceso al tesoro español, pero él tampoco pudo tenerlo. A ambos lados les fueron negadas las riquezas que pudieron cambiar la guerra. Mientras tanto, el conflicto se prolongó.

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La guerra de sucesión española terminó en 1714, pero su conclusión hizo poco para resolver la lucha intercontinental entre los poderes europeos. En lugar de eso, sentó las bases para un siglo de sangrientos conflictos en ambos lados del Atlántico. La delantera iba y venía como una pelota de ping pong. Millones de personas morirían. Y en un tramo del norte de la costa atlántica, unos aguerridos colonialistas convencerían a los franceses (que aun batallaban contra los ingleses) a ayudarlos en su improbable revolución, la que ahora conocemos como la Revolución Estadounidense.

La de 1708 no fue la única batalla que libraría el San José. Incluso antes de que alguien estuviera seguro de su ubicación, el galeón estuvo involucrado en un litigio de décadas entre la Sea Search Armada y el gobierno colombiano sobre quién obtendría sus riquezas una vez que fueran recuperadas. la SSA reclamó que estableció la ubicación del San José en 1981, y negoció con el gobierno colombiano por 35% del tesoro si el navío era recuperado. Colombia ha reclamado toda la carga con una pequeña cuota de 5% por haber hecho el descubrimiento, con base en una ley que el gobierno ratificó después de haber hecho el acuerdo con la SSA, según CNN.

La firma con sede en Washington interpuso dos demandas en las cortes estadounidenses, afirmando que la jugada de Colombia era ilegal, pero ambas fueron rechazadas. Un vocero de la SSA le dijo a CNN que la Corte Suprema de Colombia falló a favor de la compañía, diciendo que la riqueza del navío debía ser compartida de manera equitativa. Santos no hizo mención del conflicto al anunciar el hallazgo.

El secretario de Cultura español, José María Lassalle, aseguró que su país también está interesado en el tesoro. Afirmó que España examina la información antes de decidir qué acción se tomará en defensa de lo que consideramos nuestra riqueza hundida .

300 años después de haber sido hundido por Wager, parece que el San José no puede eludir que las naciones se sigan peleando por él.

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Sarah Kaplan es reportera del Post.

mfh