Río de Janeiro.- Ester Silva maldice los Juegos Olímpicos mientras otro bus pasa sobre una autopista elevada que atraviesa la favela donde vive en Río de Janeiro y hace temblar su frágil casa de ladrillos.

"Esa carretera dividió nuestra comunidad en dos", dijo Silva, de 61 años, quien por 16 años ha trabajado en una tienda de comestibles instalada en su casa. La mujer apunta a un tramo de la autopista donde un bus oficial para los Juegos fue apedreado esta semana mientras pasaba por el sector.

"Mi casa se está derrumbando, todo por unos Juegos Olímpicos que no han sido organizados para nosotros, los pobres, y sin embargo estamos pagando el precio más alto", añadió, mientras señala los enormes pedazos de yeso que se han caído desde su techo y las profundas grietas de las paredes.

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La autopista de 26 kilómetros y seis carriles fue terminada justo antes de que empezaran los Juegos y conecta la Villa Olímpica con una serie de otras sedes dispuestas para el evento. El Gobierno lo describió como un legado para el oeste de Río de Janeiro y ha prometido utilizarlo como una ruta central para los buses que llegan a varias comunidades pobres.

Pero los residentes de la favela Vila Uniao la odian.

Un total de 368 familias fueron reubicadas para permitir la construcción de la autopista Transolimpica BRT y residentes dicen que la demolición de sus viviendas y las obras de construcción, que en muchos casos se llevaron a cabo a unos metros de la entrada de sus casas, les generaron graves daños estructurales.

En los últimos días, al menos tres buses de los Olímpicos han sido alcanzados por proyectiles mientras atravesaban a toda velocidad la autopista, dijo una fuente de seguridad, quien emitió declaraciones en el anonimato porque no estaba autorizada para discutir el tema.

Un autobús transportaba a una docena de periodistas el jueves por la noche cuando dos de sus ventanas fueron destrozadas por lo que algunos testigos describieron como disparos. Las autoridades concluyeron después que se trataba de piedras, posiblemente lanzadas con poderosas resorteras.

En entrevistas con más de 15 residentes y líderes comunitarios de Vila Unaio, ninguno dijo haber escuchado disparos cuando el bus que transportaba a los periodistas sufrió el ataque. Pero todos comentaron que no les sorprendería que estos vehículos fueran apedreados por jóvenes que viven en la favela, ya que estos actos han sido denunciados por lugareños.

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"Somos una comunidad activista, hemos estado luchando en contra de la destrucción forzosa de nuestras viviendas durante años", dijo Maria do Socorro, una residente de la favela de 45 años. "Si quisiéramos protestar, ustedes lo sabrían. Habríamos puesto una barricada sobre la carretera con neumáticos en llamas", sostuvo.

Los residentes de Vila Uniao, que se ubica a apenas unos 2 kilómetros de la recientemente construida Villa Olímpica, demandan que la ciudad ayude a reparar las otras 900 viviendas de la favela, en su mayoría frágiles y estrechas casas de ladrillo.