La extrema derecha española está alimentada por varios temores: a la verdadera democracia, la diversidad, la igualdad de oportunidades y los derechos de las mujeres.

Han utilizado el miedo y el odio como sus principales herramientas para cultivar su crecimiento, como lo demuestra el ensayo de Anne Applebaum.

En España, el ascenso de la extrema derecha se originó a partir de divisiones internas y luchas de poder dentro del conservador Partido Popular (PP). Vox, el partido de extrema derecha que recientemente ganó sus primeros escaños en el Congreso nacional, surgió de esta ruptura.

Bajo el liderazgo de José María Aznar, la extrema derecha sentía que estaba bien representada por el PP. Pero cuando llegó Mariano Rajoy a la presidencia el partido comenzó a sufrir divisiones, una de ellas entre Rajoy y Aznar.

Así nació Vox. Muchos de sus integrantes son admiradores del exdictador Francisco Franco e intentan seguir las tradiciones del fascismo español.

El independentismo y Vox

El movimiento independentista catalán se ha intensificado desde el 2010, debido a los continuos ataques del Tribunal Constitucional y de los partidos españoles en su intento de socavar el estatuto catalán (la ley principal que rige en Cataluña), que había sido aprobado por el pueblo catalán a través de un referéndum vinculante en el 2006.

Los agresivos golpes en contra del estatuto y el haber restringido la voluntad de autodeterminación de los catalanes fueron principalmente instigados por el PP.

¿Podríamos entonces decir que el ánimo independentista fue un factor clave en el surgimiento de Vox?

Está claro que este nuevo movimiento de extrema derecha que representa Vox es un fenómeno global que trasciende las fronteras españolas y ha ganado fuerza debido a múltiples factores.

¿Cómo podríamos explicar el fenómeno de la multiplicación de los movimientos de la extrema derecha en países europeos donde no existen grupos independentistas? En el caso de España, ¿los escándalos de corrupción que envolvieron al PP también fueron un factor que alimentó la reacción populista de extrema derecha? ¿Qué pasa con la inmigración y los refugiados que huyen de los conflictos armados, el hambre y la persecución en sus propios países?

Los partidos políticos españoles han decidido señalar al movimiento de independencia como el culpable de todas las desgracias de España para sortear cualquier tipo de responsabilidad en su pobre historial y gestión.

Durante muchos años, los partidos que han gobernado España, independientemente de sus inclinaciones políticas, han sometido a Cataluña a una falta alarmante de inversión pública y han discriminado a los propios catalanes.

En lugar de asumir la responsabilidad de este tipo de discriminación estructural, los partidos políticos españoles y sus voceros académicos, intelectuales y de los medios de comunicación han preferido construir una narrativa falsa, vinculando al movimiento de la independencia catalana con el crecimiento de la extrema derecha.

El PP y Ciudadanos, granero de Vox

Un análisis puntual de los resultados de las elecciones del 28 de abril muestra que Vox ha ganado mucho apoyo de los conservadores que tradicionalmente han votado por el PP o por el partido de centro-derecha Ciudadanos, según la encuesta realizada por el Centro para Investigación Sociológica.

En otras palabras, el voto extremista ya existía y, por lo tanto, no es nuevo. El verdadero fenómeno que ha experimentado España no es el surgimiento de la extrema derecha, sino su fragmentación en tres formaciones diferentes que compiten por ese espacio.

La extrema derecha, parte del legado de la dictadura de Franco en España, había estado sentada tranquilamente porque 40 años de dictadura impidieron su rápida entrada en el sistema político.

Sin embargo, la respuesta violenta y amenazadora del gobierno español en contra del proceso catalán, pacífico y democrático, respaldó el discurso de la extrema derecha, que anteriormente no se había atrevido a expresar de manera abierta.

Unidad sobre democracia

Los partidos más grandes en España han legitimado la idea de que la unidad de España es más importante que el respeto por la democracia y la justicia.

Este argumento ha permeado desde la política central hacia la extrema derecha española.

Si España hubiera reaccionado democráticamente a las demandas pacíficas de los catalanes (como lo hizo Reino Unido con Escocia o Canadá con Quebec), el extremismo de la derecha española no habría tenido el apoyo del sistema político para defender sus ideas.

Por eso, no debemos dar un paso atrás en nuestra defensa de la democracia. De hecho, la mejor respuesta al fascismo o, en este caso, al ultranacionalismo siempre será promover la paz, libre información y la unidad de los demócratas.

Cataluña seguirá avanzando en dirección a la obtención del reconocimiento por su derecho a la libre determinación a través de la paz y la democracia.

Esperamos que España esté a la altura de las circunstancias y dé una respuesta democrática a la altura del siglo XXI, que los catalanes puedan decidir su futuro político a través de un referéndum.