Como jefe de la oficina de Ciudad de México para el Dallas Morning News durante dos décadas, Alfredo Corchado ha estado en la vanguardia de la lucha periodística para documentar la cifra brutal de la violencia del narcotráfico en todo México.

Esa lucha está entre las más mortales del mundo, con más de 60 periodistas mexicanos asesinados o desaparecidos durante la última década, según el Comité para la Protección de los Periodistas de Estados Unidos.

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Las historias sobre la corrupción gubernamental, el éxodo de la clase media de México y la violencia del narcotráfico han colocado a Corchado en el extremo receptor de numerosas amenazas de muerte, que le han obligado a huir del país durante meses. Como muchos de sus contemporáneos mexicanos, ha tratado de seguir adelante incluso mientras regiones enteras del país son asediadas Sinaloa, Tamaulipas y Durango, por decir algunas ; mientras los medios de comunicación independientes son silenciados por el espectro de la violencia.

En estos lugares, Corchado advierte, nadie imprime nada sin la aprobación del cártel, incluyendo al parecer a Sean Penn.

Para Corchado y muchos de sus colegas, ahí radica el problema del controvertido relato en primera persona del actor estadounidense sobre su encuentro con el capo de la droga Joaquín El Chapo Guzmán. Corchado dijo que la historia publicada el 9 de enero en la revista Rolling Stone y aprobada por Guzmán antes de que se hiciera pública es evidencia del conflicto inherente entre el periodismo y el entretenimiento.

Cuando no estás realmente desafiando a la persona y has acordado someter la historia a su aprobación, el asunto suena más como entretenimiento de Hollywood , dijo Corchado a The Washington Post.

No está a la par del sacrificio de muchos de mis colegas en México y en todo el mundo que han perdido la vida luchando contra la censura.

¿Está sirviendo al público o se está engrandeciendo a sí mismo? , pregunta Corchado, refiriéndose a Penn.

Es una pregunta que ha estado presente en todo el mundo del periodismo desde la publicación del documento, que ha obtenido muchas críticas a la vez que ha obtenido cumplidos.

Para muchos observadores, la prosa a veces juguetona de Penn reveló una admiración preocupante hacia el hombre que es uno de los principales actores de la sangrienta guerra de las drogas en México y que ha cobrado al menos 100,000 vidas en la última década , según Quartz.

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A medida que te sumerges más profundamente en el lío, se hace evidente que Penn tiene una especie de reverencia de inspiración hollywoodense por ‘El Chapo’ , escribió Melissa Cronin de Gawker en un post que cataloga los peores detalles de esta historia.

Para otros, la polémica pieza de Penn era una reminiscencia a la debacle de 9,000 palabras de la revista acerca de una violación en grupo en la Universidad de Virginia que nunca ocurrió.

Jeet Heer, editor senior de The New Republic, escribió en un mensaje publicado en la red social Twitter: Rolling Stone deja de lado el estándar de la ética periodística para conseguir una historia que atraerá una enorme atención. ¿Qué podría salir mal?

Otros, como el corresponsal de Vice, Danny Gold, hicieron un llamado a los periodistas por su hipocresía. Gold sostuvo que Penn hizo lo que cualquier otro periodista desesperado por la primicia más codiciada en el mundo habría hecho, según la CNN.

Nunca he sido fan del periodismo de Penn , escribió Gold, pero yo y todos los demás periodistas habríamos comprometido mucho más para conseguir una entrevista con El Chapo . Cualquier persona que diga lo contrario está mintiendo .

Chris Hayes, del canal de noticias MSNBC, comentó que las consideraciones éticas tienen una manera de convertirse en irrelevantes frente al enorme tráfico de la nota.

Joel Simon, director ejecutivo del Comité para la Protección de Periodistas, dijo al Post que iba a dejar en manos de los medios el debate sobre la ética de las acciones de Penn.

Antes de hacer un juicio, sin embargo, sugirió que la gente considere el grado de autocensura que ocurre en las comunidades de todo México.

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Los periodistas en México, enfatizó, no reciben protección de su gobierno, que a menudo es cómplice de los riesgos que asumen al escribir.

Teniendo en cuenta que las reuniones entre miembros de alto nivel del cártel y los medios de comunicación son muy inusuales , pero no imposibles, dijo que la historia del actor debe ser juzgada por lo que revela.

¿Deberían los periodistas entrevistar a los criminales? , preguntó Simon. Yo diría que sí, seguro .

Pero si usted dentro de su labor periodística logra una entrevista con alguien como El Chapo , es mejor que entregue información valiosa e importante, en mi opinión , agregó.

En este caso particular, tenía una misión para una publicación muy visible e importante, y si entregó una historia digna de los riesgos que tomó, eso es algo que los editores tienen que decidir y los medios de comunicación en sí debe debatir .

Tomando nota de lo raro que llega a ser una entrevista de este tipo, Corchado dijo que espera que haya proporcionado al público cualquier atisbo sobre la mente criminal. Sin embargo, todavía está preocupado por cómo se adquirió la información.

¿Acaso yo u otros periodistas hubiéramos querido conseguir la entrevista? , añadió. Por supuesto, pero dudo que nos la hubieran proporcionado con las mismas protecciones que a una estrella de Hollywood.

La entrevista también vino con grandes ataduras, como la aprobación final del artículo por parte de El Chapo .

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Eso equivale a una censura similar a la que mis colegas mexicanos enfrentan hoy en día. Excepto que si no cumplen, no pueden vivir para contarlo .

Peter Holley es reportero de asignación general para The Washington Post.

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