El diario brasileño Folha de Sao Paulo publicó un editorial en la que retoma el calificativo de dictador que utilizó el periódico El Universo hacia el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

El artículo publicado por el rotativo ecuatoriano en febrero del año pasado desencadenó una sentencia de tres años para cuatro colaboradores del diario, además de una multa de 40 millones de dólares.

Recuperamos la traducción realizada por El Universo del editorial del periódico carioca:

Rafael Correa, dictador

Existen diversas maneras de contrastar si existe democracia en un país. La más infalible es verificar si allí el gobernante se sujeta a las críticas públicas -aunque vehementes o injustas- sin que el autor sea castigado por expresarlas.

Esa posibilidad no existe más en Ecuador. El jueves, la Corte Nacional de Justicia de aquel país confirmó la sentencia que condenaba tres directores y a un columnista del periódico "El Universo" a tres años de prisión y al pago de multas que totalizan nada menos que 40 millones de dólares.

La condena se debió al artículo publicado en febrero del 2011 en el cual el presidente del país, Rafael Correa, era calificado de "dictador". El texto decía que el autócrata incidiría en crimen de lesa humanidad, por haber ordenado un ataque militar a un hospital donde él mismo se hallaba sitiado. Se refería al episodio de la huelga de policías en Quito, que dejó 20 muertos, en septiembre del 2010.

Desde que fue electo, en 2007, Correa encendió una escalada de ataques a la democracia. Sigue los pasos de otros dos presidentes populistas con quienes tiene afinidad ideológica, Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia.

Se trata de instalar una democracia plebiscitaria, con base en los amplios recursos de intimidación y corrupción del Ejecutivo, destinada a eternizar al dirigente en el poder. Se forjan reformas constitucionales, se coloca a la judicatura bajo la tutela del gobierno, se suprime, en la práctica, el derecho de disentir.

Milicias organizadas por el gobierno tratan de hostilizar a la oposición e instalar un ambiente cada vez más polarizado. Voluminosos presupuestos son destinados a la asistencia populista, con el propósito de comprar apoyo en las parcelas más dependientes de la población.

Todo es presentado como revolución que liberaría el pueblo del yugo de las élites locales y de Estados Unidos, cuya imagen es invariablemente usada como chivo expiatorio en la estrategia de aglutinar adhesiones en torno al gobierno.

Pero, bajo la retórica saturada de clichés anticuados y llamamientos emocionales, lo que apenas se disfraza es lo empeño del presidente y de su facción de ejercer la dictadura en nombre de ideales democráticos, de oprimir para "liberar".

La verdadera sustentación de esos regímenes reposa en los precios del gas (Bolivia) y del petróleo (Venezuela y Ecuador), artículos que dominan sus economías y cuya riqueza es apropiada por el gobierno. Dotadas de sociedades civiles débiles y poco complejas, son naciones que no se librarán con facilidad de los verdugos que eligieron.