Seúl. Aunque Indonesia es el país con mayor población musulmana del mundo, cuenta con un gobierno secular y con minorías religiosas cristiana, hinduista y budista. Durante un tiempo Indonesia se mantuvo alejado de los conflictos de Medio Oriente, después sufrió varios ataques terroristas perpetrados por islamistas que dejaron centenares de muertos, incluido el de Bali en el 2002 con 208 decesos. Joko Widodo, Jokowi, llamado el “Obama del sureste asiático” y distinto al establishment político, afirmó que “el mejor antídoto contra el terrorismo es la fe, unidad y mayor trabajo”. No es sencillo para el exalcalde de Solo y exgobernador de Yakarta gobernar a la tercera democracia mundial ante la adversidad económica y la amenaza del extremismo. El presidente de Indonesia habla en exclusiva para El Economista desde Seúl, Corea del Sur.

—¿Qué importancia tiene para usted el modelo comercial MIKTA (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia)?

Para Indonesia, desde que se creó como un plataforma de consulta interregional, se concibió como un instrumento valioso que contribuye a un mejor conocimiento de las partes, fortalecimiento de los lazos bilaterales e intensificación de la cooperación entre los países miembros que ya son nuestros socios comerciales y económicos, pese a la distancia geográfica que a menudo impide lograr mayores flujos de comercio e inversión.

—¿A qué factores atribuye el crecimiento sostenido de su economía que la mantiene como líder en la región Asía-Pacífico?

Principalmente a la unidad y el trabajo como condición indispensables para que seamos una gran nación, pues nunca alcanzaríamos esa condición si nos mantenemos divididos.

—¿Qué tipo de relación avizora con México?

Un continuo y excelente diálogo político sostenido por ambos países en todos los niveles. Al igual que México y la República de Corea, Indonesia comparte posiciones en el ámbito multilateral que se fortalecen a partir de la participación en el espacio Mikta, además seguimos con interés el éxito de las reformas estructurales mexicanas.

—¿En qué contexto Indonesia se incorpora a la llamada Ruta de la Seda fijada por la República Popular de China?

Junto con el presidente de China, Xi Jinping, identificamos los sectores punta de esta cruzada como inversión, finanzas, minería, agricultura y energía nuclear, además de la lucha contra el terrorismo, control de drogas, ciberseguridad y combate al crimen transnacional. Además, expresó su respaldo a la construcción de la comunidad del Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, por su sigla en inglés) para asegurar el progreso del este de Asía con la construcción de un corredor de conectividad económica para así estrechar los intercambios bilaterales.

—¿Cuáles son los retos para la Comunidad ASEAN?

Después de un tránsito de 50 años y en condición de sede, aún debemos avanzar en la eliminación de las tasas comerciales, la digitalización económica, liberación de servicios y del movimiento de profesionales para avanzar hacia su integración efectiva. Con relación al ASEAN Plus, destaca la Nueva Política del Sur que busca conectarnos con Corea del Sur y a partir de ello expandir la influencia económica de la cuarta economía más grande de Asia en la región.

—¿En qué temas de la agenda regional y global concentra su atención ASEAN?

El problema de la minoría musulmana rohingyá en Myanmar, la situación de la península coreana, el terrorismo y la economía, son relevantes en las reuniones de la Asean, una comunidad de 620 millones de habitantes y con un Producto Interno Bruto combinado de unos 2.55 billones de dólares. ASEAN creó un mercado único con libre circulación de bienes, capital, servicios y personal calificado, pero debemos impulsar una integración más efectiva.

—¿Qué trato ofrece a las minorías religiosas que cohabitan con la mayoría musulmana en su país?

Con 17,000 islas, que albergan a más de 1,300 grupos étnicos, somos un modelo genuino de tolerancia y pluralismo. Mi gobierno respeta y convive con las minorías cristianas, hinduistas y budistas. Por ello, en el país de mayoría musulmana más grande del mundo, el islam es compatible con la democracia y la moderación.

—¿Cómo enfrenta Indonesia la crisis del combate a las drogas y el narcotráfico internacional?

En los últimos dos años las adicciones han afectado a 4.5 millones de personas en Indonesia, de las cuales 40 a 50 mueren cada día. (Esta situación) derivó en una emergencia porque representa una amenaza real para nuestra seguridad nacional, que infortunadamente sólo puede resolverse con terapia de choque.

(En el 2017, el presidente pidió a la policía disparar en contra de narcotraficantes en caso de encontrar resistencia. “Sean firmes (...) especialmente con los narcotraficantes extranjeros”, dijo en julio del año pasado).

—¿Cómo enfrentar la amenaza del terrorismo internacional?

La estabilidad y la seguridad son extraordinariamente importantes para un país como el nuestro de 250 millones de habitantes, por lo cual planteamos al Ministerio de Justicia elaborar de manera conjunta con el Parlamento una nueva legislación para enfrentar este flagelo, que no paralizará ni pondrá en riesgo la existencia de nuestra nación y menos doblará nuestra unidad. Debemos defender nuestra paz como musulmanes.