Hay un misterioso aumento en la esquina de mi casa en DC. Su revelación ha sido lenta: un piso a la vez, el esqueleto de metal tomando forma durante meses. El trabajo parece estar en marcha y otras veces se ve simplemente abandonado. El dinero se acabó. O los inspectores se enteraron.

El barrio está salpicado de proyectos que fueron iniciados y abandonados. Mi remodelación suspendida favorita todavía tiene un anuncio en la ventana con un tiempo verbal característico de los bienes raíces: Estrenándose en el verano del 2012 .

En barrios como éste, sometidos a cambios rápidos, hay un profundo abismo entre lo que podemos ver alguien está tratando de construir algo y lo que sabemos acerca de lo que realmente está sucediendo. ¿Qué tan grande será ese departamento? ¿Cuándo se supone que estará terminado? Y, porque seguro te lo preguntas: ¿qué harán con el estacionamiento?

Esta información, que se puede extraer del magnífico tesoro que son los permisos de construcción del gobierno, a menudo es pública. Pero realmente nunca se ha democratizado. Un grupo de empresas de tecnología y ciudades piloto está tratando de hacer esto de una forma que podría tener algunas implicaciones fascinantes. Imagina que tienes una aplicación que podría mostrar los detalles de una obra en construcción con la facilidad con la que Redfin te puede mostrar la casa más cercana a la venta.

Imagina que Zillow pudiera decirte que esa casa que te gusta nunca fue inspeccionada por la ciudad. O si los economistas pudieran utilizar los permisos de remodelación como previsiones de gentrificación cuando todavía es posible ayudar a los residentes de largo plazo a permanecer en sus hogares.

Creo que hay potencial para comenzar a conseguir una imagen de lo que está pasando en las ciudades, de los indicadores económicos , dice Mark Headd, un evangelista de desarrolladores con la empresa de tecnología cívica Accela, que ha estado trabajando con estos datos. ¿Puede esto darnos una idea de la gentrificación y dónde está pasando? ¿Qué tipo de permisos están siendo emitidos, y cuánto tiempo toman? .

Los desarrolladores de aplicaciones y plataformas nacionales temen tratar con datos de la ciudad cuando significa la extracción de información de forma individual en diferentes formas de cientos de gobiernos locales. Es una pesadilla logística tratar de obtener estos datos , dice Svenja Gudell, el director de investigaciones económicas de Zillow.

Así Zillow, Accela y los gobiernos locales, incluyendo Tampa, San Diego y Chattanooga, han desarrollado un estándar común que todas las ciudades pueden utilizar para publicar datos sobre los permisos de construcción. El concepto tiene un importante precedente: Google convenció a las ciudades de estandarizar sus datos de tránsito para poder realizar un seguimiento de las rutas de autobuses y trenes en Google Maps. Yelp ha tratado de hacer lo mismo con los datos de inspección municipal de restaurantes para que puedas ver la calificación sanitaria cuando estás a punto de pedir tu cena.

Los datos de licencia de obras tienen el mismo potencial de cambiar las decisiones de los consumidores y los investigadores al entender el mundo construido a su alrededor. Imagina, por poner otro ejemplo, que una aplicación revela que el emplazamiento de la obra en el patio trasero de tu vecino no tenía los permisos que se le atribuye. ¿Y si pudieras hacer clic en una enlace y avisar al gobierno local, agilizando la burocracia en torno a la construcción ilegal?

Gudell tiene todo tipo de ideas. Una vez que los economistas de vivienda tengan más datos sobre las renovaciones, relacionados con los precios de la vivienda, va a ser más fácil medir el valor de la adición de un cuarto de baño o cocina nueva a un hogar. Será más fácil estudiar el comportamiento del consumidor: ¿qué posibilidades hay para las familias de expandir su hogar actual en lugar de mudarse a uno nuevo?

Visto desde afuera, Gudell cree que estos permisos pueden indicar cuando la economía está comenzando a repuntar o dónde las cosas están mejorando. Por el contrario, podemos aprender mucho sobre el estado de un barrio o la necesidad de inversión de la ciudad cuando nadie ha sido capaz de pagar modestas remodelaciones a la vuelta de una generación.

Hay una complicación previsible a toda esta información. Podría dar más poder a los grupos que se oponen al desarrollo de las ciudades, o podría crear la impresión repentina de que el desarrollo se está acelerando (cuando, en realidad, es sólo el flujo de información disponible). Eddie Tejeda, el director general de Civica Insight Limited, otra empresa que ha trabajado en el proyecto, sostiene que las organizaciones de vecinos (también conocidos como NIMBY, por las siglas de Not In My Back Yard), ya saben dónde encontrar estos datos.

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