Bogotá. Las guerrillas comunistas de Colombia, que arrancaron las conversaciones de paz con el gobierno para poner fin a medio siglo de conflicto, lanzaron ayer una dura crítica de economía del país y llamaron a su transformación.

El largo monólogo que el comandante rebelde, Luciano Marín, hizo ante la prensa en Noruega después de dos días de reuniones entre las dos partes, destacó los obstáculos delante de las negociaciones destinadas a poner fin a la larga guerra de esta nación andina.

No estamos discutiendo la inversión extranjera ni el modelo de desarrollo económico , respondió casi inmediatamente Humberto de la Calle, el principal negociador del gobierno. Nada de eso será un tema de discusión .

La reunión entre los representantes del grupo rebelde, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos marcan el comienzo de las negociaciones oficiales por primera vez desde el 2002. Una ronda más sustantiva de las negociaciones tendrá lugar en La Habana el 15 de noviembre.

En una serie de intensos debates a principios de este año en Cuba, el gobierno colombiano y los rebeldes lograron un acuerdo de cinco puntos para las negociaciones que establece una serie de objetivos que son más realistas que las que figuraban en las fallidas discusiones en los últimos 25 años.

En virtud de ese acuerdo, los combatientes de las FARC se reintegrarían a la sociedad, programas de reforma agraria se pondrían en marcha y se abordarían los derechos de las víctimas del conflicto.

Para Estados Unidos es de particular interés que las FARC y el gobierno trabajen juntos en contra del tráfico de drogas, de donde los rebeldes sacar gran parte de sus fondos para la guerra.

En tres rondas previas de negociaciones que se remontan a la década de los 80, los debates eran a menudo abiertos, con las FARC que presionaban por cambios radicales en la economía capitalista de Colombia.

En la última serie de conversaciones, que comenzaron en 1999 y duraron tres años, las dos partes se estancaron en airados intercambios cuando los rebeldes fueron acusados de utilizar una zona desmilitarizada -cedida durante las conversaciones- para ocultar rehenes y armamento militar, y para planificar ataques en contra del gobierno.

Esa dura lección llevó al gobierno, encabezado por Santos, a proseguir las conversaciones fuera de Colombia y en un plazo de tiempo más ajustado.

El Presidente incluso expreso esperanza de que la paz vendría en meses, no en años .

Pero ayer, Marín, quien es más conocido por el alias de Iván Márquez, hizo sonar como si las FARC se prepararan para discutir temas no incluidos en el acuerdo.