Washington. La carrera por la Casa Blanca se calentó el día de ayer 20 de septiembre, luego de que la decisión del presidente Donald Trump de nominar muy pronto a quien sucederá a la magistrada liberal Ruth Bader Ginsburg, fallecida el viernes a los 87 años, para integrar la Corte Suprema recibiera una dura crítica de su rival demócrata, Joe Biden, quien insistió en que se debe esperar hasta pasar las elecciones del 3 de noviembre.

Empeñado en afianzar el bando conservador de la Corte, Trump dijo el sábado que esperaba anunciar la próxima semana el reemplazo y auqnue dijo que “será una mujer”, acotó que aún no había tomado su decisión.

La determinación de Trump de llenar esa vacante antes de las elecciones generó el rechazo de los demócratas, desesperados por evitar que Trump mueva la corte hacia la derecha de forma duradera.

En un acto en Filadelfia, Biden exhortó a los senadores no someter a votación el reemplazo de Ginsburg “hasta que los estadounidenses hayan podido escoger a su próximo presidente y su próximo Congreso”.

Según la Constitución de Estados Unidos, el presidente nomina a los jueces de la Corte Suprema, cuyos cargos son vitalicios, y el Senado debe confirmarlos.

En el Senado los demócratas son minoritarios: ocupan 47 de los 100 escaños.

Pero luego de que dos senadoras republicanas, Lisa Murkowski, de Alaska, y Susan Collins, de Maine, manifestaran su oposición a una votación apresurada, las probabilidades se achican para la apuesta del mandatario.

Trump ha nombrado a dos jueces durante su mandato, Brett Kavanaugh y Neil Gorsuch, dando a los conservadores una mayoría de 5-4 antes de la muerte de Ginsburg, aunque eso no garantiza los fallos a favor de Trump -- ha habido varios ejemplos recientes de conservadores poniéndose del lado de sus colegas progresistas.