Beirut. En una brutal escalada de la represión en Siria, miles de soldados apoyados por tanques invadieron este lunes Daraa, la ciudad donde se inició la revuelta popular, disparando en forma indiscriminada contra civiles y dejando al menos 25 muertos, según testigos. Se estima que el saldo de muertos incrementará.

Armados con fusiles y a bayoneta calada, agentes de seguridad efectuaron búsquedas casa por casa, en lo que los activistas describieron como una campaña para intimidar a los manifestantes.

Un testigo afirmó que grandes cantidades de tropas empezaron a llegar a Daraa en autobuses antes del amanecer, precediendo al arribo de tanques, que se posicionaron en puntos estratégicos conforme se cortaron los servicios de electricidad, agua y redes de telefonía móvil. La lluvia de proyectiles se inició al amanecer.

Tienen a francotiradores apostados por todos lados, disparan a cualquier cosa que se mueva , declaró vía telefónica satelital un testigo a la Associated Press, a condición de que no se utilice su nombre por miedo a represalias. No están discriminando, hay francotiradores hasta en la mezquita .

Todos los testigos hablaron bajo condición de estricto anonimato. El gobierno sirio ha prohibido el acceso a casi todos los medios internacionales y ha restringido el acceso a los sitios con mayores problemas desde que se inició la revuelta, lo cual hace casi imposible obtener reportes y evaluaciones independientes.

La ofensiva del gobierno en Daraa parecía ser parte de una nueva estrategia de ataques preventivos contra la oposición al gobierno del presidente Bashar Assad, en vez de reaccionar ante marchas y protestas. Otros ataques represivos y arrestos masivos fueron reportados en las afueras de Damasco, así como en la población costera de Jableh.

Sin embargo, el asalto masivo contra Daraa -una empobrecida población en la frontera jordana- ha sido el más devastador.

Desde que la revuelta se inició hace unas cinco semanas, han muerto más de 325 personas. A pesar de todo, los crueles ataques del gobierno sólo han servido de acicate para los manifestantes, quienes iniciaron su movimiento pidiendo modestas reformas, pero hoy dicen que no se conformarán con nada que no sea la caída de Assad.