Pocas personas extrañarán a Rex Tillerson. No lo harán los funcionarios del Departamento de Estado cuyas vidas volcó Tillerson con una reforma que parecía no tener objetivos estratégicos. Tampoco lo harán los diplomáticos y expertos a quienes ignoró y socavó. Sin duda, tampoco lo extrañarán los diplomáticos extranjeros con quienes trató: Tillerson no tenía antecedentes diplomáticos o políticos brillantes. Es más, nadie estaba absolutamente seguro de que el presidente le prestara atención.

Después de meses de negar que tenía la intención de renunciar, Tillerson fue finalmente despedido. El distanciamiento con Trump se disparó la semana pasada al calificar el envenenamiento de un exespía ruso y su hija (con un agente nervioso de uso militar) en Reino Unido, como “un acto realmente atroz” que parece haber venido “claramente” de Rusia.

Es claro que Trump no quiere a un secretario de estado o a un colega en su gabinete que ignore sus tuits. Él quiere a alguien que responda a sus caprichos cambiantes y que se ajuste a sus estados de ánimo.

Si Trump decide una semana insultar al líder de Corea del Norte, no quiere oír ninguna objeción. Si decide la próxima semana que quiere viajar a Pyongyang para encontrarse con Kim Jong-un, tampoco quiere escuchar ninguna crítica al respecto. Vive en un mundo de fantasía creado por él mismo, una especie de programa de televisión ininterrumpido donde él es la única estrella, no quiere personas que sigan diciéndole que el mundo real es distinto o que sus gestos extravagantes pueden tener graves consecuencias.

Por esa única razón, habrá algo que perder cuando Tillerson se haya ido la media noche del 31 de marzo: al menos el hombre vivió en el mundo real y lidió con hechos reales. Tillerson llegó al frente de la diplomacia estadounidense desde su puesto como CEO de la petrolera estadounidense ExxonMobil.

Tillerson fue despedido sólo dos meses antes de que Trump deba decidir si vuelve a imponer sanciones en contra de Irán. Por cierto, ha dicho que está dispuesto a hacer.

Tillerson aconsejó a Trump mantener el acuerdo nuclear con Irán y también regresar al climático de París. La partida de Tillerson sugiere que Trump ya está afuera del acuerdo con Irán.

Rex Tillerson también se opuso a la decisión unilateral de Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y a mover la embajada estadounidense de Tel Aviv.

A pesar de que Tillerson firmó la autorización para remover la embajada hacia Jerusalén, se sabe que lo hizo por cuestión de seguridad y no política.