La tecnología tiene en lo cotidiano un papel cada vez más importante. Desde actividades de recreación hasta las relativas al trabajo y finanzas personales, las soluciones tecnológicas son determinantes en el estilo y la calidad de vida. Así, habilidad de cambio y adaptación a la tecnología son fundamentales para poder interactuar mejor en un nuevo entorno.

Los servicios financieros —en el ámbito corporativo o personal—han sufrido profundas transformaciones en los últimos años. Las instituciones dedicadas tradicionalmente a ofrecer tales servicios (particularmente bancos y sociedades financieras de objeto múltiple) están forzadas a enriquecer o incorporar en su oferta de valor aspectos tecnológicos que respondan al interés y perfil de una nueva generación de clientes, acostumbrada desde temprana edad a la inmediatez que le brinda la interacción digital con empresas como Google, Apple, Facebook o Amazon (GAFA).

Además, la regulación internacional y local (en el caso de varios países) se ha actualizado para dar orden y certeza jurídica a los servicios financieros que se ofrecen y desarrollan a través de la tecnología. En tal sentido, la llamada Ley Fintech, y diversas modificaciones a otras leyes financieras, como la Ley de Instituciones de Crédito, y su respectiva regulación secundaria son, sin duda, un ejemplo reciente y relevante en México, que toma como referente experiencias y marcos legales de otras jurisdicciones, como la inglesa, China e India.

Este nuevo marco legal da entrada al mundo regulado a empresas de tecnología financiera de financiamiento colectivo (crowdfunding) y pagos electrónicos (e-money), competencia directa de los actores habituales en actividades básicas y esenciales como el otorgamiento de créditos y la ejecución de pagos; este último caso, con la consecuente apertura de cuentas que, si bien están limitadas en cuanto a montos y operatividad, representa una verdadera captación de recursos del público.

Así, el entorno cambiante conlleva preguntas muy interesantes, que todavía no tienen respuestas únicas. Por ejemplo, ¿cómo reaccionarán los grandes jugadores en los mercados tanto tecnológico (GAFA) como financiero (intermediarios financieros tradicionales) ante las nuevas oportunidades de negocio? Un camino es que opten por alianzas estratégicas; otro, que lo hagan a través de constitución de vehículos legales, en el que mantengan una mayoría en el capital y el control corporativo para definir el plan de negocios, o bien, que escojan una combinación de ambas opciones. Lo cierto es que todavía hay mucho por ver al respecto.

Por todo lo anterior, los profesionales del derecho y otras disciplinas se deberán enfrentar diariamente a éstas y otras interrogantes asociadas con conceptos novedosos, presentes en nuestra nueva regulación, como el de activos virtuales (criptomonedas), su naturaleza jurídica y tratamientos contable y fiscal, así como el de interfaces de programación o API (por su sigla en inglés).