Organizar y planear una boda no es sencillo: el vestido de novia, el pastel, la ceremonia religiosa, el lugar del evento, el banquete y los arreglos florales, puede llevar meses de preparación para el gran momento en que ambos digan “sí, acepto”.

El verano suele ser la estación preferida de miles de parejas para casarse, sin embargo, la emergencia sanitaria por el Covid-19 echó abajo los planes de parejas que se vieron obligadas a reagendar su evento, o en el peor de los casos, cancelarlo.

Esta celebración, además del gran tiempo, conlleva un gasto considerable, por ello, si se encuentra en esta situación, existen diversos puntos a considerar para posponer la fecha o bien, cancelarla y exigir el reembolso.

Nina Pérez, directora general de la plataforma especializada Bodas.com.mx, explicó que los prestadores de servicios y las parejas pueden acordar las cláusulas que crean convenientes en cada contrato de forma particular ya sea para reprogramarlo o cancelarlo.

Si la empresa cuenta con un contrato, dijo, éste debe estar registrado ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para garantizar que no incluye cláusulas abusivas o que se cumplan las ya estipuladas.

Precisó que algunas cláusulas comunes en los contratos para estos eventos son las de caso fortuito y fuerza mayor, que podrían cubrir el reembolso de los importes pagados si finalmente no se puede realizar el servicio por una de estas dos causas.

También podrían apegarse a la cláusula de imprevisión, que contempla que las partes puedan acordar nuevas condiciones, dado que las circunstancias actuales nada tienen que ver con las que existían en el momento en que firmaron el contrato.

“Nuestra recomendación, tanto para reprogramar como para cancelar, es que revisen el contrato que ya firmaron. Si éste no establece nada al respecto, que intenten negociar de manera amistosa con el proveedor y, en caso de que lleguen a un acuerdo, que quede documentado por escrito y firmado. De ser necesario, solicitando asesoría profesional”, detalló.

Reprograme el “sí, acepto”

En caso de reprogramar la boda, Pérez indicó que dependerá de las políticas de cambios y cancelaciones que defina el contrato firmado entre la empresa y la pareja, así como de la fecha del evento.

Detalló que los contratos suelen estipular plazos y porcentajes que deben cubrirse, y cuando el cambio de fecha es por más meses, por ejemplo, al 2021, lo que solicitan algunas es cubrir una actualización de tarifas.

Resaltó que, debido a la contingencia sanitaria, muchos de los espacios y proveedores de boda se están mostrando más flexibles y están permitiendo cambios de fecha sin recargo, incluso cuando el contrato les habría permitido exigir una penalización.

Puntualizó que antes de considerar reprogramar el evento, se deben tomar en cuenta algunos factores como la disponibilidad de los proveedores que ya hayan contratado, las preferencias de la pareja por un mes o temporada y la previsión de que se vayan a dar las condiciones para poder celebrar.

Pérez recomendó que, dado que el contexto actual es tan impredecible, lo mejor es mantenerse informados a través de fuentes oficiales, tanto federales como estatales y municipales, antes de tomar cualquier decisión.

Ejemplificó que algunas parejas que se iban a casar en marzo, reagendaron para junio y ahora deberán reprogramar por segunda vez, lo que podría acarrearles más gastos y estrés.

“Aplazar una boda desgasta mucho emocionalmente y tomar decisiones cuando aún faltan varios meses para la fecha prevista puede ser precipitado. Sin duda, es difícil encontrar el equilibrio, pero tenemos la esperanza de que, sea en el momento que sea, las bodas serán las fiestas del reencuentro”, aseguró.

Respecto a la disponibilidad de fechas, indicó que la mayoría de las parejas está llegando a acuerdos con los mismos proveedores que originalmente contrataron.

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