El acto de engañar o hacer trampa es más fácil cuando podemos justificar el comportamiento.

Dan Ariely

Un problema que enfrenta la mayoría de los gobiernos del mundo es que las políticas públicas frecuentemente responden más que a análisis técnicos, a visiones e intereses políticos a partir de voluntarismos coyunturales.

Un problema adicional es que muchas políticas públicas tratan de incidir en algo tan poco comprendido (y frecuentemente ni siquiera considerado) como es la conducta de las personas.

En países como el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, este fenómeno se empieza a reconocer y existen instancias gubernamentales conocidas como nudge tanks, que son responsables de analizar la implementación de políticas públicas, de forma tal que tengan una adecuada acogida entre la población que directamente resulta afectada o beneficiada por las mismas.

En este sentido, el caso del combate a la contaminación en la Ciudad de México puede ser utilizado como una guía de lo que no se debe de hacer.

El programa hoy no circula se estableció en 1989 como una política de contingencia y temporal ante la concentración invernal de contaminantes en la Ciudad de México. El año siguiente, dicha propuesta se convirtió en un programa permanente. La premisa implícita es que se reduciría la circulación de automóviles.

Lo que no reconoció esa política es que en México, como en el mundo y en la historia de la humanidad, la conducta humana es motivada por lo que, percibe, responde a su mejor interés. En este caso, en los años subsecuentes a la aplicación generalizada del hoy no circula, el parque vehicular existente en la Ciudad de México y el Estado de México creció de niveles inferiores a 4 millones en que había estado desde los 80, hasta cerca de 9 millones en el 2013.

La decisión de las personas fue simple. Optaron por adquirir un vehículo más antiguo y más contaminante, con la idea de subsanar el día que no se circularía; pero en la realidad ese vehículo extra entró a circular todos los días adicionales de la semana.

La razón que provocó que en los últimos meses la contaminación explotará a niveles críticos fue que cuando la Corte dictaminó que los vehículos no deberían ser calificados por su antigüedad sino por sus niveles de contaminación, lo cual es esencialmente correcto, no se reconoció el altísimo nivel de corrupción existente en los verificentros, lo que permitió que un elevado número de vehículos contaminantes se reincorporara a la circulación.

Hoy, se propone una solución que parece no haber entendido ni la experiencia pasada ni la forma en que las personas reaccionan. En la percepción individual de las personas, el hecho de que probablemente sus automóviles dejen de circular hoy y en el futuro tres meses cada año, y ante las notorias deficiencias del sistema de transporte colectivo, la carencia de una inversión en infraestructura urbana eficiente y por las particularidades de dispersión geográfica y de distancia que los conductores promedio manejan en esta ciudad; un importante grupo de la población que actualmente posee un auto recurrirá a la compra de un vehículo para compensar los días de no circulación. No se trata de apelar a la buena conciencia de las personas, sino de conocer la conducta real de las mismas.

La política pública no requiere de opiniones por más alto que sea el cargo de quien las emite; requiere de información y análisis; no requiere de actos voluntaristas, como decir que los funcionarios del Gobierno de la Ciudad de México se convertirán en una suerte de microbuses que ayuden a transportar a la población.

Ésta y otras políticas públicas requieren ser analizadas desde una perspectiva técnica y científica, que tenga como criterio fundamental la comprensión de las implicaciones conductuales que su aplicación generará.

De no hacerlo, estaremos nuevamente y, como ocurre con muchísima frecuencia en el país, generando políticas públicas que no sólo no resuelvan los problemas, sino que los acrecienten y profundicen.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter @martinezsolares.