En años recientes, la educación financiera ha cobrado relevancia como mecanismo para mejorar la administración de su economía y con ello incrementar su comprensión sobre el uso de productos y servicios bancarios, permitiéndole adaptarse mejor al sistema financiero. La crisis global del 2009, la transformación de los sistemas de pensiones y la modernización de este sector han contribuido a su impulso y difusión, involucrando a instituciones públicas, privadas, no gubernamentales, etcétera.

La difusión de la educación financiera es tarea prioritaria. La inclusión financiera debe ser acompañada por una serie de políticas y estrategias que permitan a las personas la generación de mejores capacidades financieras. Lo anterior nos lleva a preguntarnos: ¿a qué segmento de la población se deben dirigir los esfuerzos?, ¿la falta de educación financiera es exclusiva de las personas de bajos ingresos?

En el 2012, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores llevó a cabo la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera. La información que se obtuvo nos permite conocer de manera detallada la administración económica de las personas en México, así como los hábitos financieros. Del total de la población mexicana de 18 a 70 años, 35.5% tiene productos de ahorro e inversión formales, y 43.7% ahorró a través de mecanismos informales.

El ahorro informal no es exclusivo de personas de bajos o altos ingresos; si clasificamos a la población por nivel de ingreso en bajo (menos de 5,000 pesos al mes), medio (de 5,000 a 12,900 pesos al mes) y alto (más de 20,0000 pesos al mes), encontramos que en todos los casos existe una práctica de ahorro informal importante y que tiene una estructura similar. De las personas con ingresos bajos, 30.2% realiza ahorro en su casa y 15.4% en tandas; de los de ingreso medio, 29.2% ahorra en su casa y 19.3% en tandas, y del grupo de ingresos altos, 23.1% realiza ahorro en casa y 18.1% en tandas.

La mayor parte de la población con ahorros informales responde que lo hace por falta de ingresos, porque no les interesa, o porque no necesitan abrir una cuenta en alguna institución. Estos datos reflejan que independientemente del nivel de ingreso, éste no impide la posibilidad de ahorro y la falta de interés para ahorrar es reflejo de la poca valoración de la importancia que tiene para alcanzar metas. Uno de los principales problemas para el ahorro se puede atribuir a la falta de educación financiera.

Es necesario que ésta refuerce las capacidades financieras básicas, como es el registro de ingresos y gastos, la prevención de imprevistos, y señalar de manera puntual los beneficios de seguridad y disponibilidad que brinda el ahorro formal; enfatizando que por lo general es un paso previo para el acceso al crédito. De acuerdo con estimaciones propias de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2012, los hogares en donde algún integrante tiene tarjeta de crédito incrementan en promedio 10 puntos porcentuales la probabilidad de tener bienes duraderos, como lavadora, refrigerador y/o automóvil.

La educación financiera es para todos y se constituye como un actor fundamental no sólo en la transformación del sistema financiero, sino también para lograr el gran objetivo de elevar el bienestar de los mexicanos.

El autor es subdirector de Evaluación de Educación Financiera BBVA Bancomer. Para saber más sobre los tipos y formas de ahorro o crédito, te invitamos a inscribirte a nuestros talleres gratuitos entrando a educacionfinancierabancomer.com o llamando al 01800 388 8761. No es necesario ser cliente de BBVA Bancomer para tomarlos.