Una sociedad igualitaria en materia de género, será aquella en que la palabra género no exista.

Gloria Steinem

Hace algunas semanas se anunció el nombramiento de una mujer (Mayra González) como CEO de Nissan México.

El caso fue discutido por algunos respecto de si era evidencia de que se disminuía en México la discriminación laboral de género y el llamado techo de cristal, que impone límites a la posibilidad de ascenso de las mujeres.

La realidad es que, desafortunadamente, este caso se trata de una excepción a lo que sigue siendo una generalizada (aunque menor a la que existía hace algunas décadas) discriminación de género laboral y salarial.

Participación, distinta en diferentes sectores

En nuestro país, persisten diferencias significativas que pueden ser analizadas con los indicadores de género del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) del primer trimestre del 2016. En términos agregados, la participación e ingreso de las mujeres en la vida laboral depende en gran medida de cada sector económico; en los sectores servicios y comercio, las mujeres alcanzan casi la mitad del empleo; mientras que en manufactura, poco más de la tercera parte. En transporte y construcción, representan menos de 20 por ciento.

Hoy, las mujeres que trabajan tienen un promedio de años de escolaridad mayor al de los hombres. Esta diferencia es mayor tratándose de mujeres menores de 50 años y para el grupo de 20 a 29 años, la diferencia es de más de un año. Las mujeres muestran mayor eficiencia terminal y titulación en centros de estudios superiores, como la UNAM.

Por lo que se refiere al promedio de horas que se dedican a realizar actividades económicas remuneradas, aun cuando las mujeres tienen menos horas promedio que los hombres, ello es probablemente resultado de la baja participación en sectores con una mayor intensidad de horas laborales, como la construcción.

Pero al contabilizar las horas de actividades no económicas, las mujeres tienen más del triple que los hombres, lo que refleja la persistencia de roles marcadamente de género en las labores en el hogar.

El promedio de ingreso por hora trabajada es ligeramente menor en las mujeres que los hombres: 33.97 contra 33.38 pesos; sin embargo, al analizar las áreas de actividad las diferencias son notorias: tratándose de profesionistas, la diferencia es de 68 contra 58 pesos y entre funcionarios y directivos públicos y privados, la diferencia es de 98 contra 80.5 pesos.

En el estudio The Gender Pay Gap , de Blau y Kahn, publicado a principios de este año por el National Bureau of Economic Research, los autores explican la brecha salarial a partir de datos recabados entre 1980 y el 2010.

Se analizan todas las explicaciones, encontrando evidencia que destaca, por un lado, los aspectos relativos a la interrupción laboral que en algunas mujeres se presenta ante la maternidad.

Muestra también evidencia de diferencias en atributos psicológicos y competencias no cognitivas, que explican una mayor orientación de mujeres hacia ciertas profesiones y actividades como, por ejemplo, del sector educativo- algunas de las cuales muestran en promedio menores niveles salariales.

También, por supuesto, muestra evidencias de discriminación a la participación de la mujer en ciertos sectores y en ciertos niveles de las organizaciones.

Con información de la OCDE, en países como Corea y Japón se muestran altos niveles de brecha salarial de género; México se encuentra por debajo del promedio de la OCDE. Entre los países miembros, se muestra una ligera reducción en los últimos 15 años. Pero ello no es suficiente.

En nuestro país, aun cuando se presentan algunos avances, persisten en las empresas e instituciones públicas prácticas abiertas o inconscientes de discriminación de género para el ascenso y acceso a puestos superiores. Mientras existan los perjuicios y juicios infundados sobre el nivel real y efectivo de productividad de las mujeres, la brecha salarial de género seguirá existiendo y las mujeres tendrán que romper el techo de cristal como lo hizo Mayra González a patadas de talento.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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