La crisis económica derivada de la pandemia afectó a todas las familias en diferentes magnitudes: algunas perdieron su principal fuente de ingresos, mientras que en otros casos vieron reducido el salario de algún integrante en un porcentaje considerable.

Para tratar de revertir esta situación, muchos hogares optaron por emprender a través de la venta de comida. Snacks, postres, malteadas, comida corrida o antojitos son algunos de los principales platillos que las familias han decidido preparar para obtener algún  dinero o incluso se ha convertido en su único recursos frente a la crisis.

Sin embargo, en un negocio tan competido como el de alimentos, un buen sazón no es suficiente para que represente un ingreso adicional, también debe pensar en el factor económico antes de emprender y obtener ganancias.

José Manuel Pérez Meléndez, director comercial de parrillas Súper Flama, señaló que antes de comenzar a vender comida como ingreso extra, debe considerar el tiempo y dinero que requerirá invertir.

Al iniciar en este tipo de negocio, una de las primeras y principales preguntas es respecto al presupuesto que debe destinar, ello dependerá del modelo de negocio y los platillos.

Según datos del 2019 de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), una fonda puede arrancar con una inversión de 115,000 pesos, mientras que un establecimiento de comida japonesa con 270,000; una taquería necesita aproximadamente una inversión de 350,000 pesos o un local de alitas 750,000.

Si lo que se busca es iniciar con algo más pequeño desde casa, el directivo puntualizó que se puede comenzar con unos 3,000 pesos en ingredientes e insumos de buena calidad, mientras que en los artículos para empaquetar se pueden destinar, aproximadamente 300 pesos.

“Los recursos económicos generalmente son escasos. Es importante comprar algo que sea de buena calidad y que aguante la batalla en la primera etapa”, afirmó.

Arturo Rosales, director de Finanzas de la inmobiliaria digital Homie.mx, señaló que al momento de iniciar lo recomendable es no lanzarse a lo grande e iniciar dentro de la misma colonia o vecinos.

Recomendó analizar las tendencias de lo que hay en el mercado, y una vez analizado, considerar la capacidad de producción y a cuántas personas se puede llegar.

“Implementar un presupuesto aunque sea pequeño de lo que costaría ejecutar esa idea y los ingresos que se pueden obtener al momento de hacer el presupuesto uno se puede dar cuenta que realmente no es tan productivo o tal vez sí”, comentó.

Antojitos, postres y algo más

Vender comida no debe ser siempre pensando en menús gourmet o muy sofisticados, José Manuel Pérez señaló que se puede iniciar con platillos sencillos, rápidos de preparar, donde los insumos no sean complicados de conseguir y además que su tiempo de vida sea largo.

El siguiente paso es definir qué alimentos se van a preparar o el menú que se va a ofrecer. Para hacerlo recomendó basarse en sus habilidades, siempre y cuando se ofrezca una manera diferente de prepararlo y darle un toque único o valor agregado.

“Esta diferencia puede ser en la preparación, en la presentación, en el costo o, inclusive, en la experiencia en el lugar físico en el que se va a servir el platillo”, indicó.

Dark kitchen, otra opción

Gracias al confinamiento las opciones digitales se multiplicaron, siendo una de ellas la denominada dark kitchen.

También conocida como “cocina fantasma” o “restaurante fantasma”, es un modelo de negocio que se basa en la elaboración de alimentos exclusivamente para la venta a domicilio. De esta forma, el restaurante bajo el formato de comercio electrónico se dedica sólo a preparar y enviar sus platillos, prescindiendo por completo de todos aquellos recursos que utilizan los restaurantes convencionales.

montserrat.galvan@eleconomista.mx