A partir del confinamiento se ha visto un incremento acelerado del uso de las tecnologías de la información y muchas empresas están migrando por completo al comercio electrónico.

En México este rubro aumentó de 25 a 40% con respecto al 2019, de acuerdo con datos de la Asociación de Internet MX; sin embargo, dicho efecto también ha provocado que los ciberdelitos y la falsificación de productos de venta en línea estén al alza, 400% más que antes del confinamiento,

De estos delitos, que aumentaron cuatro veces, los más comunes son los relacionados con la suplantación de identidad, secuestros de dominio de sitios web, y dominio de información confidencial, comparte José Miguel Mena, director de Servicios Jurídicos de ClarkeModet, empresa de Propiedad Intelectual e Industrial.

El especialista asegura que cuando se habla de comercio electrónico y derechos de propiedad intelectual, se tiene que considerar la oferta de productos falsificados y el uso no autorizado de marcas, ya que, de no atender estos aspectos, atenta contra la economía, seguridad e incluso la salud de los usuarios porque además de que se proporciona información confidencial, si es un producto que se utiliza, por ejemplo, en nuestro cuerpo, hay riesgos indudables.

En las empresas también existen afectaciones directas contra su economía ya que se pierde confianza por parte de sus socios comerciales, distribuidores o licenciatarios, pero sobre todo de los consumidores, “y esto impacta en la venta”.

Mena asegura que hay mucho margen de mejora para el consumidor mexicano y las empresas, pero el empuje que ha dado la pandemia al entorno digital, así como la adecuación del marco jurídico debe ser aprovechado, para impulsar la economía en Internet, acelerar la digitalización y diversificar el comercio en nuestro país.

¿Qué podemos hacer?

Es importante señalar que los delitos cibernéticos encuentran cabida a partir del uso masivo de las tecnologías en todos sus rubros: salud, educación, economía, entre otros. Por ello la solución requiere de las empresas, pero también de los usuarios.

La relación de una marca con los usuarios se basa en la confianza, pues se ha comprobado que las reseñas que se visualizan en los sitios de Internet impactan en la decisión de compra en 93% de los consumidores, siendo una referencia absoluta de la originalidad de los productos, mientras que las malas reseñas ahuyentan a 40% de los compradores.

Por tal motivo, prestar especial atención a las alternativas digitales de opinión tales como reviews, likes, shares o comentarios, son un elemento clave para que, como clientes, no caigamos en un fraude cibernético.

La participación de los usuarios para denunciar productos falsificados también es necesaria para proteger los canales digitales de los ciberdelitos, razón por la que es recomendable que los internautas señalen y denuncien páginas o anuncios fraudulentos.

“Ubicar los canales oficiales de distribución de ciertos productos es clave”.

Por su parte, para las empresas existen herramientas tecnológicas que sirven para realizar análisis y estrategias legales en buscadores, marketplaces y redes sociales, en línea con la Ley de Derechos de Autor en la Era Digital.

La protección digital incluye estrategias como auditorías, protección internacional, revisión de nombres de dominio idénticos o con errores tipográficos, monitoreo de los sitios de venta online con mayor tráfico, así como de perfiles falsos que pretenden robar la identidad de la marca; “esto es lo que hará que las empresas estén un paso adelante en la protección de los consumidores.

nelly.toche@eleconomista.mx