El ahorro es uno de los hábitos que más beneficios pueden traer a largo plazo sin embargo, también es uno de los hábitos en los que la población mexicana no suele interesarse.

De acuerdo con cifras de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), 40% de los mexicanos no ahorra, esto deja implícito que el porcentaje restante sí lo hace; resulta una sorpresa positiva saber que más de la mitad de la población ahorra.

Mucho se habla de la importancia de la cultura del ahorro, de cómo es que guardar una parte de nuestros ingresos nos ayuda a enfrentar cualquier eventualidad o emergencia.

Aunque los especialistas recalcan la importancia de adquirir, o reforzar, este hábito financiero en nuestras vidas, poco se habla de las consecuencias a corto, mediano y largo plazo que tiene la falta de un ahorro para cubrir cualquier eventualidad.

Desde cuestiones de salud, la pérdida del patrimonio familiar o afectar a futuras generaciones dentro de nuestro hogar son algunas de las consecuencias que enlistan los especialistas al no tener una cultura de previsión.

Alejandra Lascurain, product manager de la fintech Albo.mx explicó que la cultura del ahorro permite tener una mayor certeza ante los imprevistos de la vida, de no contar con un respaldo financiero se puede comprometer el patrimonio familiar construido con tanto esfuerzo.

“Las personas que no tienen un respaldo financiero viven con serios problemas económicos que merman no sólo la salud, también el bienestar familiar y laboral. Al final tener problemas de dinero genera estrés en todas las dimensiones de la vida”, alertó.

A su vez, Adriana Guerra, profesora de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, indicó que el dinero no debe ser visto como un fin, más bien como una herramienta, de ahí se puede analizar las consecuencias de no saber controlar el dinero.

“Las consecuencias de no ahorrar vienen de no saber controlar el dinero y de no ver más allá del corto plazo, quedarnos en este año, mes y día, con el pago de las cuentas del mes y no ver hacía el futuro”, sentenció.

A decir de la experta, la salud es una de las principales áreas afectadas por no ahorrar, ya que el vivir estresados financieramente, con el dinero justo para los gastos esenciales y básicos ocasiona que las personas se preocupen o vivan angustiadas en caso de suceder una eventualidad y no saber cómo resolverla.

“El principal impacto negativo es en la salud y luego el legado que se deja en la familia, en momentos de enfermedad o de muerte, si esa persona era el sustento económico de toda la familia, deja desvalidos a todos los demás integrantes. Vivir siempre en constante estrés merma la salud propia y esto también se puede contagiar a los familiares, esto provoca que a la larga, la calidad de vida se vea comprometida”, advirtió.

Otra de las áreas en donde se pueden resentir las consecuencias es al interior de la familia, ya que puede afectar el bienestar de todos los integrantes.

Para la profesora del Tec de Monterrey, mucha gente no ahorra porque cree que no gana lo suficiente, pero la realidad es que muchas personas en realidad no saben controlar el dinero.

“Pensamos que esos temas del ahorro o de manejar dinero es solamente para la gente rica y no es cierto, son prejuicios que tenemos y que no es real”, aseveró.

Falta de cultura de previsión

Uno de los principales problemas de no ahorrar es la falta de visión a largo plazo, en no ver más allá de la situación.

“Siempre hay que tener la visión a largo plazo de que no somos eternos y más cuando se tiene alguien a nuestro cuidado como son los hijos o los padres”, afirmó Guerra.

“Aproximadamente 21% de los mexicanos no ahorran porque no lo ven como algo que tengan que hacer y de los que sí ahorran, 15% lo hacen por mecanismos formales, ya que muchos lo hacen a través de tandas o de guardarlo a través del colchón y se pierde el poder adquisitivo”, alertó.

Señaló que debido al contexto actual, las familias deben prepararse para las crisis no solamente a nivel personal o familiar, como un accidente, la pérdida del empleo, la muerte repentina de alguno de los integrantes, también se deben contemplar cuestiones a largo plazo como una enfermedad crónico-degenerativa, una muerte imprevista o una situación global como lo es la pandemia.

montserrat.galvan@eleconomista.mx