Una canción es tan triste como quien la escucha . ?Jonathan Safran Foer.

La manera en que nuestro comportamiento afecta las decisiones no es muy diferente cuando se trata de determinaciones financieras o de índole emocional o personal. En esencia, la forma en como usted decide si quiere invertir es igual que cuando determina, por ejemplo, si su nuera o yerno le parecen adecuados como pareja para su hijo o hija. ¿Por qué? Porque somos las mismas personas decidiendo sobre diferentes temas que ocupamos los mismos procesos mentales y estamos sujetos a los mismos sesgos siempre.

En el ejemplo anterior, seguramente hará una ponderación de una serie de características que considera relevantes para la pareja de su hijo hija, de acuerdo con su propio conjunto de creencias o preferencias. ¿Es educado o educada? ¿Tiene un buen empleo? ¿Viene de una buena familia? ¿Es atento o atenta con su pareja?

Usted probablemente analizará esas características con un doble sesgo: primero decidirá que algunas son más importantes que otras de acuerdo con su contexto personal y a su visión coyuntural, por ejemplo, si usted viene de una familia que se considera a sí misma como de cierto sector social, ese factor será ponderado en mayor medida.

Si usted enfrentó una época de carencias económicas, el tema de un buen empleo o de una perspectiva de futuro adecuado pesará más en su percepción. Una persona que venga de un hogar con abuso físico potencialmente preferirá una relación amorosa por encima de otros factores.

Después analizará cada elemento desde un segundo sesgo. Interpretará la información con filtros que la harán percibirla de una manera diferente a como probablemente lo haría otra persona. El conjunto de percepciones que se han conformado por su personalidad, sus experiencias y la manera en que las recuerda harán que interprete los datos en uno u otro sentido.

Estos fenómenos están presentes en temas financieros e incluso en visiones colectivas de sociedades completas.

Un ejemplo lo constituye la posición actual de Alemania en torno de la crisis europea. Frente a cualquier propuesta de política pública (irresponsable o no) que suponga incrementar el riesgo de que crezca la inflación, los alemanes se oponen tajantemente, ¿por qué? Es probable que en la memoria colectiva estén muy presentes los efectos perniciosos que ese país enfrentó durante la hiperinflación de la República de Weimar, cuando se presentaron inflaciones mensuales de 30,000% generando niveles de pobreza e inestabilidad tales que muchos historiadores encuentran en ellos la explicación del surgimiento del nazismo. Para que lo pueda poner en perspectiva, cuando la inflación empezó en 1922, el billete de más alta denominación era de 50,000 marcos. Para 1923, el billete más grande era de 100 billones de marcos.

En un plano más individual, existen personas cuyas familias sufrieron gravemente las consecuencias de las fuertes devaluaciones en México de 1982 o 1994-1995 y hoy siguen tomando decisiones que se centran exclusivamente en protegerse contra variaciones del tipo de cambio, aunque no sean las óptimas para hacer crecer su patrimonio.

Igualmente, hay personas que al haber tenido (o sus padres) malas experiencias en la Bolsa en el crack de 1987 siguen siendo absolutamente reacios a invertir en acciones, aun cuando las condiciones han cambiado radicalmente en casi 25 años.

En una reciente conferencia del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman (de quien por cierto viene el ejemplo del yerno o nuera), el experto destacó que la utilidad práctica de la Economía Conductual es mostrarnos las posibles desviaciones y los sesgos de nuestras decisiones, y la utilidad de pensar detenidamente en los temas de mayor relevancia.

*El autor es especialista en Economía Conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.