Con frecuencia se ha visto al arte como un refugio para los inversionistas, sobre todo en turbulentos escenarios financieros, debido a su independencia de los mercados bursátiles, lo cual se refleja en la estabilidad de los precios. Sin embargo, ¿qué sucede con el arte contemporáneo que, a diferencia de épocas más consolidadas, puede tener cierta variabilidad en sus precios?

Sucede que la gente que compra arte con un perfil inversionista se ha vuelto más conservadora ante la inestabilidad económica, y por ello compra más arte antiguo y menos arte contemporáneo. Es decir, el mercado se orienta hacia un tipo de arte más conservador, aunque ello no hace menos atractivo al mercado contemporáneo.

El arte, como cualquier otro mercado, es cíclico. El volumen de las transacciones entre el 2014 y el 2015 ha caído 7%, de 68,000 a 63,000 millones de dólares en el 2015 (...) Este ciclo bajista durará un par de años y, posteriormente, como ha ocurrido siempre, volverá a subir , estimó Carmen Reviriego, presidenta de Callia, firma de asesoramiento en arte.

Según el Art & Finance Report 2016 de Deloitte y ArtTactic, los artistas mexicanos han dominado las subastas de arte latinoamericano en los últimos ocho años, excepto en el 2013, cuando Brasil predominó. De ahí que el arte mexicano tenga la mayor parte del mercado latinoamericano, con 29.2% de las ventas totales de la región.

Por ello, consideró la también autora del libro De viaje por la ruta del arte, este ciclo bajista representa una gran oportunidad para quien tenga el interés y el capital para invertir en arte, específicamente el contemporáneo (tanto artistas modernos, nacidos entre 1875 y 1910, y de posguerra y contemporáneos, nacidos después de 1910). Sin embargo, entrar a una galería, comprar una obra de arte y ganar automáticamente dinero es una idea muy alejada de la realidad, ya que los factores, como en toda inversión, son de gran complejidad.

¿El arte es subjetivo? Al invertir, no del todo

El mayor riesgo que tiene alguien al adquirir una obra como inversión, coinciden los especialistas, es el desconocimiento. De ahí que, en el ámbito de las inversiones, haya un componente racional y otro irracional.

Determinar el valor económico de una obra es ver la historia del artista, las características intrínsecas de la obra y el comportamiento del mercado , dijo Pilar Alfonso, gerente del Departamento de Arte Moderno y Contemporáneo de Morton Casa de Subastas.

Esto, además de la valoración de lo que se ha pagado en el mercado recientemente (dos años) por la obra de ese artista, y comparándola con otras características similares como temática o tamaño, constituye el componente racional.

El ámbito irracional, por el contrario, responde a reacciones muy particulares. Una obra de viejos maestros tarda muchísimo en salir al mercado, rotan muy poco. Para que un coleccionista venda una de estas piezas, es porque fallece el propietario y sus herederos la venden o se divorcia, etcétera. Por ello, cuando el resto de los coleccionistas se encuentra una obra que desea en el mercado, sabe que es en ese momento o nunca , ejemplificó Reviriego.

Cuando hablamos del valor de una pieza, sobre todo de arte contemporáneo, es inevitable pensar en piezas de gran costo, pero que en opinión de algunos sólo se ve sostenido por el concepto al que se refiere y el museo en el que es exhibido, lo que hace que se cuestione sobre si esas piezas, valuadas en millones de dólares, valdrán lo mismo en un par de décadas.

Eso nunca se sabe. Cuando Warhol pintaba sus obras ¿quién se imaginaría que costarían los millones que cuestan ahora? En técnica uno no puede comparar un Botticelli con un Warhol, pero una Madonna de Botticelli, la última pieza suya que se vio en venta luego de que estuviera 70 años en el Metropolitan Museum of Art, estaba en 1 millón 400,000 dólares, y al lado había un autorretrato de Warhol por 10 millones de dólares. Nunca se sabe , dijo Reviriego.

Al respecto, Vivian Gorinstein, directora de Planeación Estratégica de Morton Casa de Subastas, indicó que el coleccionista debe ser consciente de lo que adquiere, ya que las propuestas son algunas veces tan provocativas que simplemente sólo está adquiriendo el concepto, y, por inmaterial que sea, es lo que está comprando .

El arte bueno, matizó Reviriego, perdura y funciona a lo largo del tiempo. Lo que no funciona es el arte que no es serio. Es un tema muy subjetivo, pero yo sé como profesional que compraría lo que es serio, bueno, que tiene técnica, y es en lo que yo aconsejaría a un coleccionista comprar desde el punto de vista inversionista .

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