VALLE DE GUADALUPE, Baja California. Hace casi 20 años, Tru y Donald Miller llegaron a estas tierras del norte de México, primero, para apoyar un orfanato, luego para vivir un retiro en plenitud. Aquellas ideas pronto se transformaron en más de 20 hectáreas de viñedos que nombraron Adobe Guadalupe.

Así, entre historias y viñedos, inician los encuentros con la vid en el Valle de Guadalupe, Baja California, la región vitivinícola más importante del país, con más de 150 bodegas que producen 90% del vino mexicano.

Ante las miradas de los visitantes posan aquellos paisajes que se forman con inmensas hileras de parras, algunas tan añejas como aquellos vinos que han sido reconocidos a nivel mundial por su elegancia, estructura, densidad, complejidad y equilibrio.

Valle Guadalupe

Pero este circuito va más allá de los campos repletos de vid, pues desde hace varios años las casas vinícolas abrieron sus puertas a los turistas para mostrarles el delicado proceso de elaboración de esta bebida e invitarlos a degustar sus mejores vinos, mientras comparten con ellos sus historias.

Señales que inspiran

La fascinación de Arnol, hijo de Tru y Donald, por la cultura mexicana y la virgen de Guadalupe, permitió que tras su muerte, en un accidente automovilístico, sus padres se dejaran guiar por las señales que, constantemente, se les presentaban.

Ellos estaban interesados en hacer vino, pero no en México, sino en la región vinícola estadounidense Napa Valley; sin embargo, al escuchar el nombre del valle, sintieron que los viñedos soñados debían cobrar vida en esta zona de Baja California.

Con esa nostalgia, surgió Adobe Guadalupe, una bodega vitivinícola que sembró sus primeras parras en 1998 y tuvo su primera cosecha dos años después.

Valle Guadalupe

La historia se cuenta mejor, dice Luis García, director operativo de la vinícola, en la cava, pues desde allí se ven las filas de barricas, los interminables viñedos y es el sitio ideal para probar algunas de sus ocho etiquetas: seis tintos, un blanco y un rosado.

Antes de continuar con la historia, sirve a los viajeros una copa de Kerubiel, un ensamble de syrah, mourverdre, cinsault y grenache, con el primer sorbo, los taninos del vino tinto cautivan a los visitantes, quienes ahora quieren saber más de las etiquetas que allí se elaboran, trabajo comandado por el enólogo chileno Daniel Lonnberg.

Para hablar de las obras de arte de Juan Sebastián Beltrán o Yolanda Valdés, las opciones son Serafiel, también un ensamble, pero de cabernet sauvignon y syrah o, quizás, una copa de Gabriel con 45% de merlot, 40% cabernet sauvignon y 15% malbec.

La estrella es Rafael, así que García tiene la seguridad de que las bondades de la variedad de nebbiolo y cabernet sauvignon, sorprenderan a los paladares más exigentes.

Mientras se disfruta de este vino, el directivo, muestra las instalaciones del hotel, pues esta vinícola también cuenta con seis habitaciones con vista a los viñedos, restaurante, food truck y alberca.

Sueños hechos realidad

Parece que fue ayer, cuando Alfredo Acosta ideó, sentado en medio de los viñedos de L.A. Cetto, construir en el valle que se encontraba justo frente a él, un lugar para acampar, pero con servicios exclusivos.

Quizás aquella tarde, esa idea sólo era motivada por el paisaje, pero unos años más tarde, el proyecto que surgía de una reunión de amigos, tomaba forma y se complementaba con la curiosidad de hacer vinos.

Actualmente, Encuentro Guadalupe es un hotel con 22 habitaciones empotradas en la zona más rocosa del Valle, restaurante, vinícola y una parada perfecta para admirar los mejores atardeceres de la región.

Valle Guadalupe

A Alejandro Ceceña, su enólogo, le encanta platicar con los curiosos sobre las características únicas de los vinos de Baja California y para hacerlo, los invita a sentarse en una barra desde donde pueden observar, a través de la ventana, el paisaje.

Mientras sirve un vino tinto, Ceceña explica que actualmente sólo elaboran tres etiquetas: dos tintos y un blanco, todos son ensambles y utilizan sólo los 10 varietales que tienen en sus viñedos.

Antes de invitarlos a la cava, los invita a probar un tinto, elaborado con seis tipos de uvas. Las sonrisas de los viajeros entusiasman al enólogo, quien ahora les ofrece degustar uno de los vinos que está elaborando.

Con pipeta en mano, abre una barrica y con un movimiento, lo sirve en un par de copas, al mismo tiempo explica que es un ensamble con cabernet sauvignon y unas variedades más, que aún no revelará.

Después guía a los viajeros hasta la cava y les explica que ese vino que ahora degustan saldrá al mercado en casi dos años, pues todavía estará en barrica unos meses más y luego estará un tiempo en botella, justo como todos esos envases que forman las imponentes paredes de la cava.

Cambio de planes

Lo que inició como una casa de descanso hace siete años, en el 2009 se convirtió en una vinícola que combina la forma artesanal de producir grandes vinos con algunas técnicas modernas europeas.

Valle Guadalupe

Los padres de Fernando Pérez Castro compraron el terreno con la única intención de construir una bella residencia de descanso, pero las fiestas de la vendimia y los paisajes repletos de vid los convencieron de apostarle a la producción vitivinícola.

Él, junto con el arquitecto Fernando Ruiz, diseñaron la bodega bajo el sistema de Free Flow Winery, en el que se utiliza la fuerza de gravedad para eliminar el bombeo del mosto, además cuenta con tanques troncónicos de acero inoxidable que permiten una maceración en frío para una mejor extracción de aromas en los vinos.

Actualmente produce ocho vinos: cinco tintos, dos blancos y un rosado, pero dicen que la mejor forma de saborearlos es en su terraza, desde donde se ven las siete hectáreas de viñedos, además de la zona de producción.

Tras descubrir sus vinos, los visitantes también conocen a detalle el vanguardista proceso de elaboración, así como su cava que se caracteriza por su sofisticada iluminación.

Esta bodega es un buen lugar para admirar el atardecer, ya que desde la terraza se ve cómo los últimos rayos de sol iluminan los viñedos de este valle que invita a tener encuentros y reencuentros con la vid.

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Dato de viaje

Los primeros viñedos en Baja California fueron sembrados con propósitos eclesiásticos.

Información

A finales del siglo XIX la familia Concannon, pionera de la viticultura en California persuadió al gobierno mexicano para que aprovechara el potencial vitivinícola del país e introdujo algunos varietales franceses. Los primeros ejemplares de vid llegaron a México en 1493, cuando Cristóbal Colón realizó su segundo viaje al Nuevo Mundo.

¿Cómo llegar?

Volaris, a partir del primero de diciembre, reinició operaciones desde la ciudad de Toluca a Tijuana con tres frecuencias a la semana. La aerolínea, también vuela directo desde la CDMX.

Hospedaje

Adobe Guadalupe

  • www.adobeguadalupe.com
  • Cuenta con hotel. Parcela A-1 S/N, Russa Guadalupe, Ensenada, Baja California.
  • Tel: (01646) 155-2094

Encuentro Guadalupe

  • www.grupoencuentro.com.mx
  • Tiene un hotel boutique. Carretera Tecate Ensenada kilómetro 75, Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California.
  • Tel: (01646) 155-2775

La Lomita

  • http://lomita.mx
  • Comunidad de San Marcos, Fraccionamiento 13, San Antonio de las Minas, Ensenada, Baja California.
  • Tel: (01646) 156-8466

Restaurantes

La cocina de doña Esthela

  • El porvenir, Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California.
  • Tel: (01646) 156-8453

Traslomita

  • http://lomita.mx
  • Comunidad de San Marcos, Fraccionamiento 13, San Antonio de las Minas, Ensenada, Baja California.
  • Tel: (01646) 156-8466