Puebla, Pue. El Consejo Regulador de la Talavera retomará el proceso de certificar a sus talleres que hacen estas piezas en la entidad, esto con el apoyo de un laboratorio de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), proceso que se interrumpió hace ocho años.

Germán Gutiérrez Camacho, presidente del consejo, comentó que con esta medida se garantiza que no cualquier artesanía de cerámica puede ser llamada Talavera.

Puebla cuenta con la Denominación de Origen (DO) que abarca los municipios de:

  • Puebla.
  • Tecali de Herrera.
  • Atlixco.
  • San Pedro Cholula.
  • San Andrés Cholula.

Gutiérrez Camacho comentó que el proceso a cargo del laboratorio de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, realizará 18 pruebas a los productos que elaboran actualmente los nueves talleres que integran el Consejo Regulador, donde se analizan características físicas de la artesanía, desde la composición y calidad de la materia prima, hasta el color, diseño y humedad para comprobar su autenticidad.

El presidente del consejo puntualizó que con cinco de los miembros se inició la evaluación, por lo que están a la espera de los resultados y una vez que aprueben recibirán el aval de sus creaciones por parte de Certificación Mexicana, lo cual ocurrirá antes de terminar el presente año.

En el caso de los otros cuatro talleres será en las próximas semanas que se incluyan en el proceso de evaluación y, con ello, todos cumplan al 100%, agregó.

Se trata de Talavera Santa Catrina, Talavera de la Reyna, Uriarte Talavera, Talavera de las Américas, Talavera Armando, Talavera de la Luz, Celia Talavera, Talavera Nueva España y Talavera Virgilio.

Poner ejemplo 

Gutiérrez Camacho mencionó que deben poner el ejemplo con garantizar la originalidad de sus productos y que otros talleres que hacen cerámica, pero la comercializan como Talavera, quieran aprender el proceso correcto para después certificarse.

Insistió que los requisitos para producir talavera son complicados, pues deben tener hornos especiales para fundir las piezas a 900 grados, a diferencia de una cerámica que se fabrica a 200 grados; el producto se hace a mano y tarda hasta un mes cuando se trata de piezas grandes.

Abundó que son seis los colores permitidos: azul, amarillo, negro, verde, naranja y malva, los cuales deben estar constituidos de pigmentos naturales.

Mencionó que el siguiente deseo es buscar que el proceso de fabricación se convierta en Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero que eso deben proponerlo al gobierno estatal entrante, para que se impulse, lo cual llevaría un tiempo largo, no de uno o dos años sino más.