En la definición del nuevo etiquetado para alimentos procesados, la industria láctea busca que se reconozca el valor nutrimental de sus productos y, por el contrario, no aceptará que se satanicen, indicó la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (Canilec).

La industria alimentaria del país se encuentra trabajando en sus posicionamientos frente al inminente cambio en las reglas de etiquetado, una vez que se aprueben las respectivas reformas a la Ley General de Salud, que la semana pasada fue aprobada en comisiones en la Cámara de Diputados y próximamente se aprobará en el pleno

René Fonseca Medina, director general de la Canilec, dijo a El Economista que ya comenzó un proceso de evaluación de la norma de etiquetado para alimentos procesados y bebidas no alcohólicas, pero aún no existe una directriz sobre hacia dónde se encaminarán los datos que tendrán las etiquetas de los productos. “Cada sector se encuentra en definiciones y propuestas”, manifestó.

El directivo de la Canilec destacó que, independientemente de los tiempos de la elaboración de la norma, el sector lácteo se pronunciará por que se conceda una prórroga de por lo menos un año y medio para implementar el nuevo etiquetado, con el fin de que se agote el inventario elaborado con el anterior engomado.

“La industria manda hacer el etiquetado y la publicidad con dos años de anticipación, y de modificarse el etiquetado y luego entrar en vigor la norma de forma inmediata, nos llevaría a incumplir, no por no acatar las reglas, sino porque el producto así está disponible”, explicó.

Otro de los aspectos que la industria de la leche planteará es que se reconozca el valor nutrimental de los lácteos, como lo es su misma grasa y azúcar natural, así como los adicionales como las proteínas, vitaminas y minerales.

Bajo las políticas internacionales y las tendencias de regresar a lo natural, como lo estipula la Organización Mundial de Salud para atacar enfermedades, la industria de la leche no tendrá ningún problema de hacerlo y ofrecer leche blanca o yogurt natural, libre de azucares o grasas.

El director de la Canilec expuso que se analizan diversas propuestas de etiquetado, que van desde el semáforo (rojo, naranja y verde), engomado en negro (que sataniza el producto) o el de estrellas (como la clasificación de los hoteles). “La discusión apenas empieza en México, pero se ha comprobado en otras naciones que los impactos del etiquetado se verán reflejados hasta en 10 años”.

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