El máster del control de todo lo que significa AT&T en México huele a nuevo. Desde las varillas que se convirtieron en los 12 pisos que alquila en la mitad superior de la Torre Diana a los extraños aparatos con los que gestiona las comunicaciones móviles de sus 12.6 millones de usuarios en el país, todo está nuevo. Mientras en un piso acomoda cables y monta servidores, en otro apura el acondicionamiento de oficinas o cubículos para albergar a un máximo de 3,000 empleados, y en otro más pinta de blanco algunos muros y columnas. Por eso todo aquí huele a nuevo.

La sede de AT&T no es de fácil de acceso; aunque está en el corazón de la capital, no es céntrica. No se puede llegar directo en Metro, ni utilizando una sola ruta de transporte público y también es imposible estacionar un auto con el desesperante tráfico que corre por el 32 de Río Lerma. Pero se puede llegar caminado, porque está a 50 metros de lo que las agencias inmobiliarias llaman la milla dorada de Reforma, donde todo está a la mano y que pronto algunos llamarán la milla diamante por tener como inquilino al primer jugador mundial de las telecomunicaciones.

AT&T está a 50 metros de la glorieta de la Diana. Quizá eligió ese lugar como recordatorio de que a México vino a cazar usuarios y a su competencia, por eso es que en el primer trimestre del 2017 ya se embolsó otros 633,000 clientes y por eso es que desde sus oficinas se mira con facilidad hacia el Nuevo Polanco, allí donde su principal adversario comercial tiene su sede desde los años 2012-2013.

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Mucho de los 32,000 metros cuadrados que AT&T renta en la Torre Diana aún se está acondicionando para lo que la operadora hace. Hay gente que sigue con las obras que implican construir un edificio de oficinas cualquiera. Pero, con todo, la telefónica es celosa, vigila con varias cámaras y personal de seguridad lo que ocurre en la que ahora es su casa y pone a la prensa a una persona que la acompaña en cada paso, que le marca los límites de hasta dónde puede avanzar, qué puede mirar y le fija claramente que no debe tomar ninguna fotografía. Eso sí, los medios pueden preguntar lo que quieran.

En los pisos habilitados, en lo que son las caras norte y este, existen salas de discusión y capacitación para unas cincuenta personas. Otras más pequeñas para reuniones de equipo; también oficinas para los ejecutivos y jefes de área y toda una estancia de cubículos que miran hacia la Diana Cazadora, quizá, otra vez, como un recordatorio de lo que tienen que hacer los trabajadores. Y por supuesto, todo se identifica con las nuevas gamas de azul y logos que AT&T eligió para dar aire fresco a su marca desde el 2016.

El cerebro de AT&T ocupa a la fecha casi medio piso; la otra mitad del mismo está en los últimos detalles de acondicionamiento. Todo lo que se ve prendido, sin embargo, ya está funcionando.

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Monitores en escritorios muestran el comportamiento de los usuarios con sus comunicaciones; a lado de ellos se ven los que parecen teléfonos multilínea que los extraños apenas pueden tocar y aún con el centenar de computadoras, teléfonos, servidores y otros aparatos que sólo los ingenieros reconocen, no hace calor; se siente una suave brisa de aire. La tecnología otra vez hace su trabajo.

Al frente, como si fuera el cuartel de la NASA, pantallas de unas 60 a 70 pulgadas muestran cuánto en voz está viajando por las redes de AT&T, cuánto en datos, en dónde, para dónde y su duración. Fácilmente podrían ubicar una conexión en particular.

Saben con toda esa tecnología que el 70% del tráfico de los usuarios mexicanos de AT&T viaja por red 4G. Que el 25% del consumo de Internet móvil es para navegación o que otro 24% consume video; pero sobre todo, identifican que el 35% del consumo de Internet móvil supone sólo el uso de redes sociales, habría sido por eso que las operadoras, no sólo AT&T, ahora cobran ese servicio, porque ya advirtieron que es más negocio.

Otras reflejan el despliegue activo de las redes 3G o 4G LTE propia de AT&T. Una de esas pantallas exhibe claramente en color verde limón que la red GTAC aún es más extensa que la red de AT&T, pero que ésta va ganando intensidad en color azul en todo lo que es el centro de la República y con dirección al occidente y noreste del país.

Una más informa sobre los imprevistos que puedan estarse originando en ese momento o advertir escenarios que pudieran provocar los desastres naturales. Habrá sido así como AT&T identificó problemas en la región de la costa de Jalisco y la Riviera Nayarita cuando el huracán Patricia, que por eso envió equipos móviles para mantener las comunicaciones activas en ese octubre de 2015.

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Todo ese lugar tiene un nombre oficial: Centro de Operación de Red o NOC de AT&T México, por sus siglas en inglés, y ya tiene capacidad para neutralizar 1.8 millones de amenazas cibernéticas por día. También puede atender 11,000 conexiones de Internet y 3,000 llamadas simultáneas, y por si hubiera un tropiezo, todavía están los 1,300 ingenieros para ofrecer una solución.

Sólo en estas oficinas, los usuarios consumen 2.5 Terabytes por semana y la demanda va en aumento, así como AT&T podrían ampliarse en su ahora hogar. Esa fue una promesa de Fibra UNO para la operadora: ofrecer un espacio a la medida, por ello es que la Torre Diana, de su propiedad, fue que se impuso a otros 21 complejos inmobiliarios para convertirse en la casa de AT&T. De hecho, el arribo de esta firma telecom y de Uber a la Torre Diana ha elevado la plusvalía de la zona, hasta los 30 y 34 dólares el precio promedio de renta por metro cuadrado.

Y espacio es lo que necesitará AT&T, si de pronto ve factible ofrecer una oferta de cuádruple play, telefonía fija o TV, pues posibilidades tiene gracias a algunas de las concesiones que fueron de Iusacell y al paquete accionario que aún mantiene en Sky de Televisa.

La compañía sigue creciendo en México, aunque su resultado financiero neto se mantiene negativo en tanto no logre el punto de equilibrio en su operación, su participación por ingresos y usuarios sí va en aumento. Y ésta, a cambio, mantiene su plan de inversiones por 3,000 millones de dólares en el país.

El NOC de México demuestra que AT&T no sólo vino y compró a Iusacell-Nextel para operar con los mismos fierros de esas desaparecidas marcas, por eso, animoso, el agente de relaciones públicas que guía al reportero por estas instalaciones dice que si el patrón Randall Stephenson -CEO de AT&T- viniera a estas oficinas y viera lo que ya hicimos, estaría orgulloso . Estaría orgulloso de su enviado Thaddeus Arroyo que vino a allanar su camino en México.

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