Tras la promulgación de la reforma energética, las leyes secundarias se han convertido en el gran pendiente que ocupa a los jugadores del sector, que consideran al modelo brasileño como la mejor opción en lo que se refiere a definición de contenido nacional de los nuevos proyectos que surjan a partir de la reforma.

Erik Legorreta, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria del Petróleo (Amipe), indica que Brasil cuenta con un buen diseño institucional y esquemas que han permitido que las empresas nacionales participen en el mercado.

Para la elaboración de la legislación secundaria, es indispensable revisar la experiencia de otros países que abrieron su sector energético a la competencia , afirma.

En Brasil, la Agencia Nacional de Petróleo, Gas y Biocombustibles no sólo implementa la política energética, también determina los criterios para otorgar los proyectos, como los porcentajes de las regalías que se cobran a los inversionistas, explica.

Una de las preocupaciones centrales de las empresas mexicanas que prestan sus servicios a Pemex son las reglas para que la competencia con las empresas internacionales sea lo más equilibrada posible , dijo Legorreta.

Brasil, referente

El país sudamericano, por ejemplo, es un buen referente en lo que respecta al desarrollo de mecanismos legales, donde a partir del contenido nacional se garantizó la competencia equilibrada entre empresas nacionales y extranjeras, aseveró.

En México es posible implementar esquemas similares, con el objetivo de incluir a las empresas mexicanas en la cadena de valor. No en los mismos términos, pues en Brasil los porcentajes de contenido nacional son muy altos: van desde 77 hasta el 37 por ciento. La Amipe pide que al menos haya un 30% de contenido nacional, lo que sería suficiente para fomentar la industria local, sin afectar la inversión extranjera , añadió.

Seguir el ejemplo brasileño en contenido nacional y esquemas de financiamiento a partir de la banca de desarrollo, adaptándolo a la realidad mexicana, podría ser de gran utilidad, sobre todo, tomando en cuenta que los tiempos para aprobar las reformas secundarias en la materia están a la vuelta de la esquina , expresó.

En México, los esquemas de financiamiento son un reto, ya que la apertura implicará que las empresas mexicanas de la industria de hidrocarburos competirán con empresas con acceso a créditos no sólo más baratos, sino más flexibles, con tasas y plazos que los vuelven altamente competitivos.

Estas empresas cuentan con condiciones crediticias favorables, es decir, mayor facilidad para imponer colaterales a los préstamos, comentó Legorreta.

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