La industria automotriz global se enfrenta a una disrupción tecnológica, la cual prevé un punto de inflexión en los próximos 12 años. Para entonces ya proliferarán los vehículos autónomos, donde convergen las tecnologías eléctricas, de conducción autónoma y de conectividad, que ofrecerán un nuevo ecosistema de movilidad con soluciones técnicas a los problemas de transporte de las personas en las urbes y de reducción de la contaminación en metrópolis como la Ciudad de México.

Mientras se comprueba el pronóstico, y azuzadas por la competencia que les significa la inversión de Google, Apple, Tesla y Uber, empresas de tecnología que ven en este nicho de mercado una extensión de sus servicios de software, las compañías automotrices tradicionales se han enfrascado en una carrera contra el tiempo para fabricar los mejores vehículos autónomos, completos, con tecnología autónoma integral.

La entrada de los jugadores tecnológicos, con fuerte inversión en el desarrollo de tecnología para vehículos autónomos, constituye un riesgo para la industria automotriz tradicional y sólo prevalecerán aquellas que se suban al nuevo ecosistema tecnológico de movilidad, consideró Manuel Nieblas, socio líder de la industria automotriz de Deloitte.

Destacó que al menos 12 armadoras globales, entre ellas Ford y Nissan, compiten y se asocian con firmas tecnológicas en el desarrollo de vehículos autónomos o con tecnologías de consumo alternativas.

Para las empresas tecnológicas, la movilidad se convierte en un servicio (mobility as a service —MAAS—), más que en una inversión, como ya se prueba en las ciudades europeas de París, Barcelona, Berlín, Milán o Amsterdam, en complemento con las ciudades inteligentes. “En el futuro cercano, una sola plataforma aportará diversos servicios de movilidad”, precisó Manuel Nieblas.

Origen de tecnologías autónomas

Si bien hay convergencia de tecnologías que facilitarán la movilidad en las ciudades, hay varios factores que la detonaron: “La conducción autónoma de vehículos tiene su origen en los avances tecnológicos en comunicación, relacionados con la creación de sensores a las cosas, que pueden generar información, así como la necesidad de los consumidores de moverse con eficacia de un punto a otro en las urbes; y el desarrollo de materiales ligeros y más resistentes”, explicó el socio de Deloitte.

En tanto, Gerardo Gómez, socio de J.D. Power, afirmó que la conducción autónoma es una consecuencia de la evolución de las tecnologías de automatización que van desde estacionar un vehículo, movilizarlo, mantener la velocidad, hasta sensores para mantener la distancia. De ahí se empieza a generar la idea de lograr que los vehículos se manejen solos, lo cual trae beneficios en movilidad. “Cuando las computadoras de cada vehículo empiecen a comunicarse entre sí van a reducir los accidentes y tiempos de traslado”, precisó.

Los costos de los insumos para producir un vehículo autónomo son otro factor que aún frena la masificación de este tipo de vehículos, como las cámaras de 360 grados y los sensores. Estos últimos guardan un gran volumen de información, incluye a las baterías. “Los vehículos autónomos no llegarán al grado óptimo de operación, y no se avanzará en su masificación, hasta que los precios se reduzcan a tal grado que la masificación sea rentable”, expuso Manuel Nieblas.

Las alianzas entre las armadoras y las firmas tecnológicas representan una oportunidad de extender sus respectivos negocios hacia otro tipo de servicios, de ahí que el socio de Deloitte asegure que “las firmas tecnológicas ven a este ecosistema de movilidad como una plataforma para extender sus capacidades tecnológicas actuales. Google, por ejemplo, posee mapas, buscadores e información de Internet”, aplicaciones que le permitirán brindar servicios a quien se suba a un auto autónomo, además de las aplicaciones como Android. Esa es su apuesta de negocio, acotó.

En suma, las tendencias tecnológicas que causan disrupción en la industria automotriz hacen posible que la conducción autónoma y la movilidad en las urbes sean una realidad en las próximas décadas. La tecnología está lista y su masificación está a la espera de que haya infraestructura en las ciudades, coincidieron Nieblas y Gómez.

En su estudio “Proveyendo el futuro de la movilidad”, Deloitte prevé para las próximas décadas la coexistencia de cuatro tipos de movilidad en el mundo y que tarde o temprano llegarán a México:

•  Cambio gradual donde predomina el vehículo personal con conductor

•  Un mundo de autos compartidos manejados por humanos y menos vehículos por hogar

•  La revolución sin conductor, que incluye vehículo personal y autónomo

•  Nueva era de autonomía accesible donde prevé la existencia de flotillas autónomas administradas por proveedores de movilidad

leopoldo.trejo@eleconomista.mx