Francisco Mayorga, titular de la Sagarpa, habla con El Economista sobre los precios de los alimentos. Seguirán las alzas, porque se acabó un largo ciclo de cinco o seis décadas donde los precios iban a la baja . El cambio climático explica una parte de este nuevo escenario, con sus sequías e inundaciones, pero no podemos minimizar el papel que juegan los riesgos de mercado. ? Es necesario un nuevo arreglo institucional para esta nueva realidad , afirma.

Carrera alcista de los alimentos, ¿de que otra cosa se puede hablar en estos momentos con Francisco Mayorga? El Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación podría hablar de casi cualquier tema relacionado con el campo, pero la coyuntura manda. El huevo domina las primeras planas, aunque no es el único producto a observar: Maíz blanco y frijol están bien. Hay buena producción y no hay riesgo de desabasto, como en el 2011… me preocupan las oleaginosas. La soya está subiendo y ella regula todo el complejo de las oleaginosas, entre ellas los aceites y las grasas vegetales, como las margarinas. Yo creo que el impacto se va a sentir muy pronto .

Francisco Mayorga es economista egresado del ITAM. Ha sido empresario y dirigente empresarial. Es muy ordenado en su argumentación y proyecta serenidad, a pesar de que dice cosas que pueden quitar el sueño a quien lo escucha. El maíz amarillo está subiendo mucho. Esto, sumado a las alzas de la soya, tendrá impacto en los productos pecuarios porque éstos son la base de las dietas de los animales. Va haber un empuje de costos fuerte. Lo vamos a ver en la leche pronto, porque ya hay indicios de cambio de tendencia a nivel internacional. Luego vendrá en el cerdo y la carne de res. El punto crítico lo vamos a ver en la primavera del año próximo, porque es cuando ya habremos absorbido inventarios nacionales, donde todavía los costos son razonables, y entonces sí nos va a llegar de lleno el impacto de los mercados globales… Más allá de la producción y consumo, hay un desarreglo institucional serio. Necesitamos un rediseño completo .

¿Cómo llegamos a este punto?

El primer campanazo se dio en el 2007 y el 2008. Entonces se puso fin a un ciclo de cinco o seis décadas de precios de los alimentos a la baja.

Desde entonces, el campanazo se ha venido replicando, cada vez con mayor amplitud. La sequía de Rusia de hace dos años provocó un disparo tremendo en los precios del trigo y un problema de disponibilidad que se manifestó fuerte en el cuerno de África y que tuvo su impacto en la Primavera Árabe. Hubo un problema real, una gran sequía que favoreció la especulación. Eso lo estamos viendo ahorita con Estados Unidos. Una sequía que le pega a la producción de maíz y soya, y eso tiene un efecto de cadena muy larga.

¿Cómo compara usted el 2012 con el 2008?

En el 2008 el cambio de escenario estuvo muy vinculado con la demanda. Se manifestó con claridad que había cambios en las dietas de una gran parte de la humanidad, sobre todo en Asia, y había un componente, también inédito, que eran los biocombustibles, los cuales le metían una presión adicional al mercado de granos. En el 2012 estamos viendo más bien restricciones por el lado de la oferta. En el 2010, con la sequía en Rusia; en el 2011, con nuestra sequía; en el 2012, con la sequía en Estados Unidos. La demanda está contraída, pero la oferta tiene dificultades.

Si la demanda hubiera seguido en su trayectoria, estos golpes habrían tenido un efecto más grave.

Son tiempos difíciles para los consumidores, ¿significa que vienen mejores tiempos para los productores del campo? Sí, pero no necesariamente.

Hay mejores perspectivas porque habrá un mayor precio por los productos, pero también habrá un empuje de costos. Con subsidio o sin él, el campo ofrece alternativas de negocio muy interesantes. Aquellos que sean eficientes, que estén organizados, sí van a poder sobrevivir y capitalizar. Muchos productores pequeños que le compran al revendedor del revendedor y le venden al que después va a revender, pues… ésos están en una situación muy frágil. Esto es otro de los fenómenos que observamos en el sector agroalimentario global: la concentración en enormes compañías trasnacionales y cada vez una mayor presión en el pequeño productor independiente, eso no nada más lo vive México, lo vive Estados Unidos, Francia, todo el mundo.

México tiene importaciones récord de trigo y también se dispara la importación de maíz, ¿cómo procesar esta información?

En el caso del trigo estamos hablando de dos tipos diferentes. Estamos importando trigo panificable. En eso México es permanentemente deficitario. El trigo se da en zonas áridas, en Sonora, Baja California y un poco en el Altiplano, en Guanajuato y Michoacán, preferentemente en zonas de riego. La sequía nos pegó en la producción de este trigo que entra en todos los panes que llevan levadura y que se esponjan, desde pan de caja, hasta el pan dulce.

Somos superavitarios en trigo cristalino. Se usa fundamentalmente en pastas, como fideos y coditos, y en galletas. Éste se produce principalmente en las zonas de Mexicali y Ciudad Obregón. Tiene un consumo muy importante, pero no tanto como el panificable, ahí está una gran parte de lo que es el consumo popular.

¿Qué pasa con el maíz?

El disparo en la importación se está dando porque un gran jugador, que es una empresa que produce principalmente fructuosa y almidón, decidió adelantar sus importaciones, en lugar de comprar varias partidas. Esta decisión tiene que ver con la perspectiva de alza de precio del maíz amarillo en Estados Unidos. Contrató su consumo anual en una sola partida muy grande. Eso obligó a los vendedores a reportar oficialmente -en la legislación americana- este incremento. Algunos consumidores pecuarios están haciendo lo mismo. Decidieron aventarse a comprar de una vez todo y no estar expuestos a una escalada que nadie sabe dónde va a llegar. El maíz blanco registra muy pocas importaciones.

¿Qué va a pasar en producción e importaciones en lo que nos queda del 2012 y principios del 2013?

Ahí vuelvo a hacer separaciones. El tema de granos básicos, donde tenemos al maíz blanco y al frijol, está bastante sólido. Yo no veo un problema como el que vimos en el 2011 de franco desabasto. Estamos teniendo buena producción en este ciclo. Sinaloa levantó una cosecha relativamente nueva. Salieron 600,000 toneladas más que las previstas. Por lo tanto, podemos decir que los precios no van a irse demasiado lejos. Le pongo ejemplos concretos: en diciembre del año pasado, se estuvo pagando a 5,300 pesos la tonelada de maíz blanco al productor.

Hoy, con dificultades, el agricultor obtiene 4,200 pesos. Hay 1,100 pesos menos de precio al agricultor que el año pasado y con la oferta que tenemos, los inventarios que tenemos y la oferta que viene, yo no veo cómo este precio pueda subir mucho. Quizá pueda andar en unos 4,800 pesos, si los precios internacionales siguen subiendo.