Brecha digital y desigualdad digital son dos conceptos muy distintos, y el segundo de estos es el que debe cobrar importancia para los encargados de llevar la conectividad a un siguiente nivel en áreas urbanas y rurales; prioritariamente allí, porque la desigualdad digital ahonda todavía más aquellos boquetes de nivel educativo, acceso a la salud, situación laboral, salarios, diferencias de raza, edad, orientación o género que alejan a la equidad de las personas. En resumen, la desigualdad digital vigoriza la exclusión social.

La brecha digital quedó una etapa atrás en todo aquello que significa acceso y derecho humano a las tecnologías de la información, las comunicaciones, la educación o la salud, dado que las políticas públicas de los gobiernos de distintos países han conseguido de alguna manera llegar a las zonas más desapartadas con señales de internet y telefonía u otros servicios de telecomunicaciones, pero los indicadores de conectividad y de acceso a servicios de valor agregado no despuntan o tardan en crecer allí y esto obedece, entre otras circunstancias, a un factor de “calidad” de conectividad, platicó Guillermo Solomón, director ejecutivo de la Oficina de Transformación Digital de Huawei para América Latina.

Solomon sintetizó en el foro Innovation Day Latinoamérica, organizado por la tríada CAF-DPL Consulting-Huawei, que los gobiernos, por ejemplo, entienden que abatir la brecha digital significa colocar una radiobase en algún lugar lejano donde vive gente, porque para ellos eso es conectar; pero se olvidan de la calidad del servicio prestado a los habitantes de esas zonas en relación a los ofrecidos en mercados urbanos, pues las acciones las piensan más como un tema de “cumplimiento” de meta gubernamental a uno de “seguimiento”; a uno que verifique que las estrategias pensadas para conectar gente en verdad están derivando beneficios.

“Hay que diferenciar entre el concepto de brecha digital y el concepto de desigualdad digital. Brecha digital es cuando conecto a una persona, pero desigualdad digital implica cómo la conecto; si la conecto con qué tipo de calidad y además qué tipo de servicio le doy a esas personas para que equilibren sus oportunidades”, dijo Guillermo Solomón, quien para no señalar a nadie en específico en ese foro, citó a un pueblo ficticio llamado “San Juan de los Marranos”.

“Vayamos a una zona rural donde el gobierno hace una licitación de espectro y allí, el operador tiene una obligación de cobertura social. Entonces va y pone una antena en San Juan de los Marranos, que tiene 200 habitantes, y ya; dice que la brecha digital está solventada, pero la realidad es que aunque regalásemos teléfonos allí, la brecha digital probablemente esté solventada, pero no la desigualdad digital porque algo falla. Eso es lo que deberíamos pensar y hacer en las agendas digitales”, dijo.

“Las agendas digitales deben ser aún más ambiciosas, porque existen en América unas 280 millones de personas que todavía no están conectadas a Internet. Entonces, las agendas digitales pueden hacer mucho por las ciudades y en las zonas rurales pueden hacer todavía mucho más”, agregó Solomón.

Datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información o ENDUTIH que realiza el Inegi dan la razón a Guillermo Solomón, e indican además que México es país escasamente democrático en acceso a internet y con distintos niveles de b, pues de cada cien mexicanos que se conectan a la red, 86 están en las ciudades y 14 en los pueblos, y 80% de todos ellos pasan su tiempo en las redes sociales; más de 90%, incluso, se comunica por WhatsApp.

México sí crece en volumen de usuarios conectados a internet: al arranque de 2019 había aquí 74.3 millones de internautas, 4.2% más que en un año antes. Otra vez, la brecha digital para las zonas urbanas no es la misma que aquellas para las zonas rurales, ya que en las ciudades el nivel promedio de personas conectadas es de 73.1% y de 40.6% en las áreas rurales.

Este diagnóstico ha llevado a los órganos sectoriales a pensar en acciones alternativas para incrementar la conectividad de manera más acelerada y con valor agregado, mientras que la industria propone esquemas para apoyar en lo que su parte toca. Por ejemplo, hay quien ha propuesto utilizar las frecuencias de 800 MHz retornados al Estado por un operador para configurar una red de servicios de 5G con foco en la cobertura, con lo que eventualmente se podría también llevar un producto de salud o educación a zonas desatendidas.

A nivel Estado, el regulador sectorial, el IFT, definió recientemente los parámetros de arranque para la estatal CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos; el tema tuvo que ver con un asunto de cobertura diferenciada o no garantizada y con cobertura garantizada con el que se estableció desde qué punto esa empresa empezará sus despliegues de redes para los mexicanos desconectados y quizá un poco relacionado con aquello de la brecha digital y desigualdad digital planteado por Solomón.

El IFT también reescribió los criterios de cobertura de la Red Compartida, para que este operador dé prioridad a las zonas desatendidas en su despliegue de redes, a modo de empatar sus planes de cobertura con lo programado por el actual gobierno federal.

Estos son ejemplos que tienen que funcionar, primero, para enfrentar la desigualdad digital, y después, para que sea más accesible para las dependencias del ramo conseguir recursos para sus programas de conectividad, agregó Guillermo Solomón, director ejecutivo de la Oficina de Transformación Digital de Huawei para América Latina, que ya lanza pilotos de servicios para frenar la desigualdad digital en Colombia.

“El tema es llevar juntos los servicios básicos con esta conectividad, que básicamente son dos de mucha importancia: salud y educación, porque en la medida en que vamos y ponemos en ese pueblo una antena, no estamos logrando nada o casi nada; lo vamos lograr cuando llevemos soluciones de salud, de educación o aquellas necesarias para esa región; que a través de la conectividad van a ser más o menos cercanas al nivel que las que tienen las personas que viven en las ciudades. Entonces la desigualdad digital ya la estamos atacando en ese momento”, dijo.

“Las agendas digitales deben estar bien coordinadas entre los distintos ministerios para las cosas sucedan, porque cuando suceden se puede hacer marketing alrededor de esto, hacerlo muy interesante y entonces el Congreso y el Poder Ejecutivo va asignar el dinero para hacer las cosas; no puede negarse. Es bien importante que dejemos de hablar meramente de conectividad y empecemos a hablar con conectividad con sentido”, comentó Solomón.

kg