Latinoamérica se convirtió en el nuevo canal de desfogue para las esperanzas de expansión de las firmas chinas de alta tecnología ante los portazos que han venido sufriendo en distintos mercados del globo. Huawei, China Mobile, China Telecom, China Unicom y ZTE, como ejemplos, ya están haciendo negocio en la región y han anunciado planes adicionales de inversión para oficinas de representación, laboratorios o maquiladoras y se encuentran también en la primera línea de postores por la obtención de millonarios contratos públicos o privados de telecom y TICs. 

Todas desarrollan en su matriz soluciones con tecnología de punta u ofrecen servicios de telecomunicaciones de última generación. Participan además en toda la cadena de valor, gestionando productos que van de lo físico a lo intangible, pues cables de fibra óptica, routers, antenas, radiobases, servidores, centrales, celulares, tabletas y servicios de computación en la nube más una gama más de productos en línea llevan su nombre y han llegado a la región con toda esa oferta y otra filosofía de negocio que desafía a las centenarias marcas occidentales más especializadas en nichos como las europeas Ericsson y Nokia o la estadounidense Cisco Systems.

Las grandes marcas chinas de telecom traen consigo a América Latina su modelo de negocio oriental y de persuasión para el sector, como financiamiento en especie, plazos más extendidos de pago y precios, muchas veces, más bajos en relación a los de sus competidores, toda una serie de oportunidades que, por lo menos, atrapan la atención para unos operadores que se desenvuelven en mercados con extrañas políticas regulatorias, economías deprimidas, incertidumbre política o social, divisas depreciadas y con consumos promedios mensuales de usuario o ARPU que se miden en monedas débiles cuando las inversiones de infraestructura van en dólares y además, en una región con mayoría de consumidores de servicios por prepago –87 millones sólo en México al 2017, según GSMA y Mediatelecom–

Eso lo han advertido las firmas que suponen el emblema telecom-TIC de China para el mundo y por ello se apuntan a cada oportunidad que el sector les pueda ofrecer en América Latina, sea por el lado de la proveeduría de infraestructura o por la prestación misma del servicio al consumidor. De Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Centroamérica, de todos esos y otros países, Huawei, ZTE, China Mobile, China Telecom o China Unicom han conseguido al menos un jugoso contrato, pero también han ganado por la promesa de abonar a la prosperidad de los nacionales de esos mercados.

En el área de creatividad e innovación tecnológica, Occidente se encuentra ante en un choque de visión con Asia, dice Jorge Fernando Negrete Pacheco, director en Mediatelecom Policy & Law:

“Históricamente, Occidente ha sido la cuna de la creatividad y la innovación de negocios. Las empresas nórdicas como Ericsson y Nokia han tenido una enorme capacidad para innovar y son empresas de más de cien años que han superado todo tipo de crisis y desarrollado todo tipo de tecnología de comunicación e Internet móvil. Y está Estados Unidos, que con su enorme capacidad de creación nos ha dado compañías como Google y por eso la industria de Internet no se comprendería sin la innovación norteamericana”.

“Ahora, vemos una filosofía sobre un tema de desarrollo de tecnología y negocio que es una visión distinta y que viene de una región que durante muchos años maquiló, pero que aprendió de ese choque cultural y eso le está permitiendo innovar. Así es como tenemos un Huawei que compite en fibra con Nec o en chips contra Qualcomm e Intel o un ZTE que vende celulares como Apple. Han aprendido y por eso están aquí haciendo negocio ahora”, agrega.

América Latina es hoy la cara que le sonríe a las telecom chinas, que allende enfrentan el desprecio de naciones como Estados Unidos y más recientemente de Australia, quien el miércoles estableció que Huawei y ZTE no podrán desarrollar proyectos de telecomunicaciones de quinta generación en su territorio. Australia se convirtió entonces en otro país que despide a las empresas chinas de alta tecnología por la desconfianza que ha despertado Estados Unidos entre sus aliados de Asia-Pacífico y de Occidente por supuestas intromisiones de Pekín en las redes de seguridad informática o comunicación móvil y por venta de equipo telecom a naciones como Irán y Corea del Norte. 

Australia fue más lejos: se aseguró además de que las telefónicas que prestan servicios de telecomunicaciones en su territorio estén obligadas a blindar sus redes de ante potenciales ataques informáticos que amenacen su seguridad nacional, esto, con base en una nueva legislación que será efectiva desde el 18 de septiembre próximo. Así, marcas como ZTE y Huawei, que venían vendiendo infraestructura a los australianos desde hace más de 15 años, quedan fuera de los primeros desarrollos comerciales de 5G en ese país, que se advierte será en 2020.

Por el contrario y en una postura más pragmática, las naciones y las empresas de telecomunicación de Latinoamérica –como AMX, Telefónica y Millicom que también operan en Europa– han abierto posibilidades a China y su brazo de telecomunicación, aunque su ingreso a esta parte del mundo también pasa en los gobiernos por un tema de geopolítica y del dinero que Pekín esté dispuesto a negociar para poner en mejor posición a sus intereses generales.

Todo se relaciona y ante la negativa sufrida en otras regiones, entonces China busca hacia dónde y cómo expandir sus intereses geo-económicos, platica el internacionalista, profesor e investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac, Adolfo Laborde:

“Hay mercados cautivos y emergentes que empatan con su política comercial y de inversión extranjera, y por eso más recientemente China abrió un banco de cooperación internacional que está dando y seguirá dando recursos a algunos gobiernos de América Latina para que estos puedan generar nuevas líneas de negocio que eventualmente puedan aprovechar sus empresas y las telecomunicaciones son una de ellas, porque sus empresas son competitivas, producen tecnología de punta; y aunque algunas pudieran ser copias, son mejoradas y venden barato, una oportunidad”.

“Esa es una diplomacia económica que trata de abrir mercados y el nuevo ejemplo es El Salvador, que con la presión de China rompió con Taiwán y ahora está esperando los jugosos recursos que le van a dar (…) Sudamérica es más parte de esa estrategia; China es el más importante inversor en Brasil y va por más mercado, no extrañemos que sea en telecom allí o aquí”, añade Laborde.

China se expande por todos los caminos de las telecomunicaciones latinoamericanas, principalmente con ZTE, Huawei y China Telecom y China Mobile. Por citar algunos ejemplos, el portal especializado Telesemana dice que Huawei logró a principios de año que Telefónica le adjudicara un contrato para sus primeros despliegues de 4.5G en las ciudades de Bogotá, Río de Janeiro y Monterrey. Así, Movistar experimenta con la tecnología de Huawei cómo es competir contra la “GigaRed” 4.5G de Telcel en México y Huawei obtiene además un contrato que es adicional al que ya logró de Telefónica en Alemania, también sobre 4.5G.

Oi, la cuarta compañía de telecomunicaciones de Brasil, convino con Huawei un acuerdo para robustecer su infraestructura, básicamente sobre fibra óptica que llega a los hogares y en un momento en que Oi adolece de sus estados financieros por una deuda cercana a los 25,000 millones de dólares, pero que no por espanta el interés de China Mobile en comprar los activos de esa empresa que tiene más de 67 millones de clientes entre fijos y móviles y bloques nacionales de espectro para 4 y 5G.

Telefónica también buscó a Huawei para servicios de big data con alcance a todas sus operaciones de la región y de ZTE compró soluciones de voz sobre LTE (VoLTE), básicamente para su negocio de América Central.

Tigo, de la sueca Millicom y con participaciones en Centro y Sudamérica, también contrató este 2018 a Huawei para sus primeros pasos de redes de 5G en Colombia, de acuerdo con Telesemana.

China Unicom y Huawei compiten por conectar a Fortaleza, en Brasil, con Camerún, en África, creando así una nueva vía para salida del tráfico de datos de Sudamérica hacia Europa y Asia-Pacífico. Por la otra costa, Huawei también ambiciona conectar a Chile y Argentina a Asia con un cable submarino de fibra óptica.

Y en México, más allá de que venden celulares, ZTE y Huawei también han conseguido importantes contratos sobre infraestructura. La última de esas dos compañías tiene en sus manos construir la mitad de la Red Compartida de Altán Redes y como pilón, ayuda a Megacable a conectar Baja California con el continente desde un punto en Sonora. No sólo eso, en México esta empresa china mantiene programas de impulso al talento, cuyos destacados son enviados a experimentar en sus laboratorios de Asia. 

Las medidas proteccionistas de Estados Unidos y sus aliados cierran puertas a las marcas chinas en sus respectivos territorios, pero ello también supone una ventana de oportunidad para las naciones emergentes de América Latina que necesitan conectar a su población a las nuevas tecnologías para mejorar su calidad de vida, que es el fin esencial de las telecomunicaciones. En la otra cara, los parones contra los chinos impone a las tecnológicas “tradicionales” la concentración de sus esfuerzos en nuevos desarrollos y modelos de negocios, de ahí que con la reforma fiscal de Donald Trump empresas como Apple y Cisco han anunciado millonarias repatriaciones de capital para crear más empleo e innovación en sus sedes matrices.

“Estamos ante un choque de visiones y una visión asiática más agresiva de resolver todo al cliente con soluciones integrales, aprovechando economías de escala y mano de obra barata en su matriz, ahí es como obtienen ventaja”, plantea Negrete Pacheco. “Asia ha decidido integrarse así y eso se ha convertido en una pesadilla para las empresas occidentales, pero eso no quiere decir que elimina su competitividad; esto es cuestión de replantear estrategias y visiones, porque debe haber un margen”.

Lo hay. De acuerdo con el reporte anual de Huawei de 2017, el 50% de su facturación total todavía proviene de China, un 27% que se allega de la región Europa-África y otro 12% de Asia-Pacífico. América apenas representa el 6.5%, pero es el comienzo.