El año 2020 trae consigo a la tercera década del siglo y se presenta como la fecha para el arranque de las redes de quinta generación (5G) en el hemisferio latinoamericano, el principio de una revolución en las comunicaciones de la humanidad que además de posibilitar la comunicación como nunca antes entre las máquinas y éstas con el ser humano, facilitará también el desarrollo de nuevas industrias que impactarán a las economías de los países y potenciará servicios sociales en favor de regiones deprimidas, por ejemplo en medicina, salud o educación.

Este es el año en que según las notas de prensa del último lustro debieran cristalizarse diversos proyectos de 5G por toda América Latina; un año en que las redes de quinta generación, con el apoyo de otras tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), dejarán de ser una promesa o el futuro para convertirse en la realidad presente. 

Pero un 2019 marcado por la desaceleración de las economías latinoamericanas, la crispación política y social en casi todo el continente, más los efectos de la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, y sobre todo por la afirmación de Telefónica Movistar de que el modelo de negocios en el que se venía soportando la industria de telecomunicaciones durante los últimos quince años “se ha agotado”, hace pensar que el 2020 llegará y se marchará con pocas novedades en 5G y que será hasta el año 2021 cuando aquí empiecen las inversiones intensivas con esa tecnología.

Para que las redes 5G se vuelvan presentes en América Latina se precisan políticas públicas que privilegien el despliegue y compartición de infraestructura, la disponibilidad de más frecuencias de espectro y que éstas se entreguen bajo criterios no recaudatorios.

Además se necesitan marcos regulatorios y órganos reguladores que anticipen realidades del mercado y de ser posible también, que las economías de la región vuelvan a crecer —América Latina crecería hasta 1.7% en 2020; México lo haría en 1.3% ese año y 0.2% en 2019— para que las redes de 5G se disfruten más allá de balnearios, como el de Barra de Manantiales, Uruguay, donde este año se conoció la primera red comercial de 5G en la región.

La Administración Nacional de Telecomunicaciones de Uruguay (Antel) ya marcó un hito en abril de 2019 con el lanzamiento de una red comercial de 5G en el departamento de Maldonado, siendo una empresa pública, pero aquella red cubre un mercado menor en extensión y población a lo que podría ofrecer como oportunidad de negocio la colonia Del Valle de la Ciudad de México —es junto con Polanco la zona más rentable de la capital mexicana—. 

Antel tampoco ha deslizado aún el número estimado de clientes finales o empresariales que utilicen sus servicios de 5G, lo que demuestra otra vez que las redes de quinta generación demandan demasiadas inversiones y otras condiciones de mercado para una tecnología que todavía no está del todo claro cómo sacarle provecho y monetizarla.

En América Latina los punteros para conocer próximamente un servicio de 5G son Brasil, México y Colombia. El primero incluso ha ideado un plan nacional para potenciar a sus empresas con IoT y 5G, en tanto que en México la empresa América Móvil prevé que Telmex tenga una red 5G de servicios fijos casi al finalizar el 2020.

Y aunque el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) mantiene la posición de que las bandas para servicios móviles a la fecha adjudicadas, entre otras, también funcionarían para redes 5G, las licitaciones de espectro dedicadas para esa tecnología, en las bandas de 600 MHz y 3.5 GHz, saldrán al mercado hasta el final del año que está por empezar, por lo que se presume que con el correr de enero de 2020 no habrá inmediatamente inversiones para 5G en México.

“No hay un entorno económico que despierte el interés por los inversores en 5G”, dijo Juan Gnius, analista en Telracom. “Durante 2020 se verán algunos lanzamientos de redes 5G muy focalizadas en cobertura y en servicios. Pero 5G tiene la particularidad de requerir fuertes inversiones sin un modelo de negocios claro”.

En un 2019 en que uno de los principales jugadores de todo el mercado, Telefónica Movistar, definió concentrarse sólo en cuatro mercados rentables y en el caso de México prefirió buscar acuerdos de compartición de redes con AT&T para hacer más eficiente su operación, al mismo tiempo que empezó a renunciar a bandas de frecuencias en los 800 MHz y 1.9 GHz, no queda claro entonces cómo el sector hará de las inversiones en 5G una prioridad aquí y porque en casi ninguna parte de América Latina está claro de qué manera monetizar las redes 5G.

“Veremos que durante este año seguirán apareciendo nuevos acuerdos de compartición de espectro y red, como ha sucedido con Telefónica y AT&T en México, pero en el resto de la región. Esto no será sólo por un tema de las expectativas económicas de la región, sino porque este nuevo esquema permite optimizar recursos que pueden incrementar la cobertura de los servicios, que además tanto preocupa a los gobiernos y reguladores”, dijo Gerardo Mantilla, analista en Artifex Consulting.

El año 2020, con el antecedente del acuerdo sobre compartición de redes entre AT&T y Movistar, será un ciclo en que las inversiones no necesariamente las tendrán que hacer los operadores tradicionales. Es posible, sostienen los expertos, en que haya nuevos jugadores con posibilidades de invertir en el sector.

“Los operadores continúan con su redefinición en el lugar que ocupan en el ecosistema digital, un espacio que todavía no resulta claro. El año que despunta será de transición y nuevas definiciones, y no se puede descartar la irrupción de nuevos jugadores, no precisamente los operadores, que hagan las inversiones”, agrega Juan Gnius, de Telracom.

Quien más pronto logre definir su lugar en el ecosistema digital y su intención de inversión en 5G, hallará una oportunidad para impulsar servicios con Big Data, IoT y otras tecnologías, que al apoyarán también a mejorar, en este caso, la capacidad de la economía mexicana, acompaña Gerardo Mantilla, de Artifex.

Las redes de quinta generación han comenzado a ser una realidad en algunos mercados del mundo, pero aún no se ha visto del todo su impacto y en compañía de otras tecnologías como el Internet de las cosas, por lo que el 2020 podría ser otro año de observación del comportamiento del mercado y de planeación de inversiones para que 5G sea pronto una realidad en Latinoamérica.

kg