La mayoría de la gente pasó por alto la primera insinuación de Mark Zuckerberg de que Facebook preparaba su apuesta más audaz en años. Enterrado en el penúltimo párrafo de su mensaje de Año Nuevo del 2018, Zuckerberg señaló que pretendía “ahondar y estudiar” la encriptación y las criptomonedas.

Dentro del grupo, Zuckerberg ya había empezado a organizar a sus empleados para que investigaran qué aspecto podría adoptar una nueva divisa global. Sólo 18 meses después, Facebook reveló Libra, una moneda digital respaldada por activos tangibles y apoyada por otros 27 socios, incluidos Visa, Mastercard, PayPal, Uber y Spotify.

Al frente del proyecto estaba David Marcus, el expresidente de PayPal, que formó un grupo de ingenieros de la propia compañía. El equipo se movió deprisa y discretamente.

Especialistas en criptomonedas y fintech como Anchorage, una startup respaldada por Andreessen Horowitz, y Ribbit Capital, un inversionista en los monederos digitales Coinbase y Xapo, explican que mantuvieron conversaciones con Facebook antes incluso del nombramiento oficial de Marcus en mayo del 2018.

Todas esas firmas son ahora “socios fundadores” de la Libra Association, la organización sin ánimo de lucro con sede en Suiza que lanzará la moneda a principios del año que viene.

A la hora de indagar en la tecnología del blockchain durante la primera mitad del año pasado, Facebook contactó a la startup Algorand para negociar posibles adquisiciones. Pero las conversaciones fracasaron debido en parte a desacuerdos sobre el control que ejercería Facebook y el grado de descentralización de Libra.

El nuevo proyecto de Facebook no tardó en tener repercusiones fuera de la red social. Marcus abandonó el consejo de administración de Coinbase, uno de los monederos de criptomonedas más conocidos, en agosto del año pasado. Esto supuso una primera prueba para la coalición de 100 socios que la red social espera construir en torno a Libra —de la que Coinbase forma parte.

Pese al impulso inicial, la moral del equipo de blockchain de Facebook se había hundido a principios de este año, ya no sabían si su trabajo se materializaría en algo concreto. Pero Libra recibió luz verde hacia finales de enero, fecha en la que Zuckerberg detalló su compromiso con la privacidad, incluido su plan de integrar los servicios de mensajes de sus tres apps en un sistema encriptado, según una persona al tanto del proyecto.

Fue entonces cuando Facebook empezó a buscar en serio socios potenciales, pidiendo silencio absoluto sobre las conversaciones. Facebook hizo una concesión fundamental: prometió ceder el control de Libra una vez que despegase.