Un estudio del Banco Central Europeo (BCE) demuestra que las bolsas también son aficionadas al balompié y que su actividad se frena en seco si hay un partido de futbol importante con el mercado abierto. Y lo hace mucho más en Alemania que en España.

El autor de éste es Michael Ehrmann y trabaja en el departamento de investigación del BCE. Desde allí se ha dedicado a medir minuto a minuto lo que sucede en las principales bolsas del mundo cuando hay un partido de futbol. Y las conclusiones del informe son abrumadoras.

Para el estudio, investigó la negociación en los valores del principal indicador de las bolsas de 15 países cuando se jugaba un partido de equipos extranjeros. Las conclusiones ya fueron sorprendentes: las transacciones por minuto cayeron de media de 24% y el volumen lo hizo 33 por ciento.

Pero la parálisis llegaba cuando el partido incluía al equipo nacional: 45% de caída en las transacciones y 55% en el volumen de negociación.

España, pese a su tradición y a que resultó ganadora del Mundial por primera vez en su historia, no fue el país más turbulento.

Por raro que parezca, fueron los alemanes los europeos que más frenaron su actividad durante los partidos.

La media de caída de operaciones cuando jugaba la Selección germana en la Bolsa de ese país rozó 60%, frente a 26% español. Sin embargo, el récord mundial está fuera del viejo continente.

Las transacciones por minuto se redujeron 83% en Chile cuando jugaba su Selección. En Argentina, el descenso fue 72 por ciento.

Además, la pasión de los inversionistas por el futbol no es cosa de 90 minutos. El estudio demuestra una actividad por debajo de la media con prioridad al pitido inicial y hasta 45 minutos después del encuentro. Durante el descanso, la negociación se recuperaba algo, pero desde luego no a su nivel habitual. Y si llegaba un gol, la actividad caía 5% adicional.

El estudio del BCE pretende ir más allá del futbol y explicar cómo afecta la falta de atención a la Bolsa y a la formación de precios. El autor constata que hay una relación evidente: si los inversionistas están menos atentos, las noticias no se incorporan a los precios con la misma rapidez. Pero eso es algo que todas las empresas cotizadas saben: si hay algo negativo que comunicar, mejor hacerlo cuando el mercado esté distraído con otra cosa.