El gobierno entrante, sea el que sea, tendrá que modificar el sistema tributario actual a través de una reforma que mantenga unas finanzas públicas sanas a través de una mayor recaudación, así como volver a México un país competitivo, refirieron analistas.

En el 2017, los ingresos tributarios fueron por 2.8 billones de pesos. Si bien excedieron por 115,433 millones de pesos lo estimado en la Ley de Ingresos de la Federación, resultaron 0.9% menores, en términos reales, a lo recaudado en el 2016.

Por lo anterior, explicaron analistas, es importante que el gobierno entrante impulse una nueva reforma fiscal que incremente la recaudación tributaria del país, que es la más baja dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al representar 17.2% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras el promedio de la organización es de 34.3 por ciento.

“El gobierno que llegue debe mantener un balance en las tasas de impuestos que se cobran, que éstas no sean excesivas para los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, se logre tener los recursos necesarios para cumplir con los programas sociales y de gobierno”, dijo Enrique Velderrain, socio de Velderrain Sáenz y Asociados.

Hace algunos meses, la OCDE hizo una serie de recomendaciones a México para incrementar su recaudación a través del aumento de las tasas que se cobran de impuestos ecológicos y el Predial, así como la implementación de un impuesto a herencias, homologar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y eliminar algunas de las exenciones existentes.

“El siguiente gobierno sí deberá tener en cuenta estas recomendaciones, ver cuáles pueden ser aplicables y cuáles no. Es importante que se siga aumentando la recaudación como porcentaje del PIB”, destacó Enrique Velderrain.

En este sentido, Carlos Cárdenas, expresidente del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), expuso que la reforma hacendaria del 2014, si bien aumentó la recaudación, empeoró el sistema fiscal mexicano al quitar deducciones e implementar una tasa de 10% sobre dividendos de las empresas, entre otras cosas, lo que incluso restó competitividad a las empresas dentro del país.

“El error de la reforma del 2014 es que se creó un esquema fiscal complejo, que sólo aquellos de mayores ingresos pueden cumplir, mientras que aquellos que se encuentran en la clase media o baja no, lo cual incluso los lleva a terminar en la economía informal”, refirió.

ISR e IVA, la discusión

Ante la reforma fiscal que implementó Estados Unidos este año, en donde recortó el Impuesto sobre la Renta (ISR) corporativo de 35 a 21%, una de las peticiones que más se han hecho es que el gobierno mexicano actúe con una reforma similar, en donde el ISR a empresas sea menor a 30% actual.

“El nuevo gobierno deberá analizar muy bien los impactos de los impuestos a los negocios en México. No sólo es conveniente recortar la tasa de ISR a empresas a 25 o 26%, sino también regresar la deducción de 100% de las prestaciones laborales así como la deducción de las inversiones nuevas”, explicó Manuel Toledo, socio de Impuestos y Servicios Legales de Andersen Tax & Legal México.

En este sentido, Herbert Bettinger, especialista fiscal, agregó que para solventar la recaudación que se perdería por una baja del ISR corporativo es necesario aplicar IVA a alimentos que no sean de la canasta básica. Explicó que, con un IVA entre 2 y 4% a productos no básicos, la recaudación, incluso, podría incrementar hasta otros 4 puntos del PIB.

“A nadie le gusta hablar de impuestos, pero es indispensable que exista un IVA entre 2 y 4% a alimentos que no son de primera necesidad. Tenemos que ser congruentes, no es posible que no se cobren impuestos sobre un helado, quesos, chorizos o demás alimentos que no son parte de una canasta básica”, expuso.

Actualmente, en México hay una tasa generalizada del IVA de 16%; sin embargo, se maneja una tasa cero a alimentos y medicinas.

No hay una propuesta

Si bien varios organismos y empresarios han abogado por una nueva reforma fiscal, los candidatos a la presidencia, por el momento, no han dado ningún plan conciso que refiera a una reforma fiscal o a un incremento en la recaudación.

Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, ha declarado que de llegar a la presidencia no habrá nuevos impuestos, ni se incrementarán los existentes, pero sí aboga por una reingeniería del gasto público.

Ricardo Anaya, del Frente por México, ha propuesto bajar el IVA fronterizo de 16 a 8%, mientras que Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, ha planteado bajar el ISR corporativo y generalizar el IVA a 10 por ciento.

Por su parte, José Antonio Meade, candidato de Todos por México, sólo ha propuesto deducibilidad de las colegiaturas universitarias, así como seguridad social para las trabajadoras del hogar 100% deducibles de impuestos.

“El cambio de gobierno debería permitir llevar a cabo una reforma fiscal que fuera nuevamente equitativa, proporcional y participativa, que le regrese al contribuyente su capacidad real de pago de impuestos, ya que nos quitaron muchas deducciones con la reforma pasada. Sin embargo, no hemos escuchado a ningún candidato hablar de eso”, dijo Herbert Bettinger.

ana.martinez@eleconomista.mx