Casi 10 años después de la quiebra de Lehman Brothers, la recuperación económica esbozada este año debe confirmarse en el 2018, impulsada por los principales motores de la economía mundial, pero el espectro de una crisis de la deuda vuelve a rondar.

Todas las señales son positivas: Estados Unidos prolongará en el 2018 uno de los ciclos de crecimiento más largos de su historia, los emergentes se recuperan tras los tropiezos del 2014 —con China como locomotora, y países como Brasil emergiendo de la recesión— y la zona euro, última región en subirse al tren de la recuperación, ahora en clara mejoría.

“La crisis que golpeó a nuestro continente (...) ha quedado atrás, y este crecimiento nos da razones para pensar que será duradero”, se congratuló el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) auguran un crecimiento mundial de 3.7% en el 2018, reflejando un optimismo sin precedentes desde hace una década.

Ese optimismo contrasta con el pesimismo que reinaba apenas hace un año, tras el voto británico sobre el Brexit, y la elección en Estados Unidos de Donald Trump, con un programa proteccionista.

Las instituciones internacionales moderan no obstante el entusiasmo general y exhortan a los estados a aprovechar el “buen tiempo para reparar el techo”, tal como varias veces ha afirmado la directora general del FMI, Christine Lagarde.

Y es cierto que no se excluyen los riesgos de nuevas crisis: el FMI y la OCDE, así como varios economistas, advierten del peligro de un endeudamiento creciente del sector privado.

Por su parte la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) están a punto de poner punto final a su política de los últimos años de flexibilización monetaria.

EMPRESAS “ZOMBIS”

“El endeudamiento de los particulares y de las empresas ha llegado a niveles récord en varios países” constató recientemente el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, que señala en especial a las empresas “zombis”, es decir, que sobreviven financiándose gracias a dinero barato y que podrían hundirse cuando suban las tasas de interés.

“Es un tema preocupante” explica un especialista de deuda pública, que requiere el anonimato.

“En cuanto una de esas empresas” sufra una crisis “sistémica” —que puede contagiar a todo el sistema financiero—, “el Estado va a verse obligado a rescatarla, provocando una transferencia de la deuda privada a la pública”, como ocurrió tras la crisis financiera del 2008, cuando países como España o Irlanda tuvieron que acudir en ayuda de sus bancos.

Esta vez es China la que concentra las preocupaciones, hasta tal punto que el FMI advirtió a principios de diciembre que los bancos del gigante asiático están mal armados para afrontar riesgos financieros persistentes, como los provocados por estas “empresas zombis” que sólo sobreviven de crédito, o por la explosión de productos de inversión mal regulados.

“SÍ, ES UN PROBLEMA”

Ante esta situación, Gurría tiene confianza en las autoridades chinas. “Sí, es un problema. Sí, es conocido y ha sido identificado, pero teniendo en cuenta las capacidades de las autoridades chinas para reaccionar rápidamente en este asunto, creemos que la situación no está fuera de control”, afirmó.

Por otra parte en las últimas semanas apareció otra fuente de preocupación, el bitcoin, la moneda virtual considerada por muchos como una “burbuja especulativa” y que no para de batir récords.

“Lo que es peligroso es una mezcla de una burbuja con endeudamiento” explica la economista Agnès Bénassy-Quéré. “No creo que el fenómeno del bitcoin sea de tal magnitud como para desestabilizar a los mercados, pero lo mismo se decía de las subprimes”, aquellos créditos inmobiliarios que provocaron la última crisis planetaria.